GUÍA DE ARGUMENTOS – FALSOS DILEMAS



En el artículo anterior estudiamos varios tipos de dilemas. Muchas veces, sin embargo, se habla de dilema para referirse a una disyunción exclusiva («esto o lo otro, pero no ambos») en un argumento llamado silogismo disyuntivo (ya lo veremos). Tanto en el dilema en estricto sentido como en el silogismo disyuntivo la disyunción exclusiva es su premisa principal. Pues bien, un falso dilema o falsa dicotomía tiene lugar cuando la premisa disyuntiva no es aceptable.

Veamos el esquema de los silogismos disyuntivos:

Premisa 1: A o B
Premisa 2: es falso que A
Conclusión: es verdad B

Al igual que en los dilemas en sentido estricto, en los silogismos disyuntivos las preguntas con respecto a la aceptabilidad de la premisa 1 son dos:

(1) ¿Realmente estas dos opciones agotan todas las opciones viables? 
(2) ¿Realmente no es posible, correcto o viable la realización de ambas acciones que se presentan como excluyentes?

Si la respuesta ante una de estas preguntas es negativa, entonces estamos ante un falso dilema (falsa dicotomía). Es decir, habrá un falso dilema si descubrimos que hay otras opciones viables –que las opciones no se agotan con las dos propuestas en la disyunción– o si nos damos cuenta de que ambas opciones planteadas no son exclusivas –la realización de una no excluye la realización de la otra–.

Como señala Trudy Govier (2010: 382), es posible que las falsas dicotomías se produzcan por nuestra tendencia a sobre-simplificar el mundo en el que vivimos, por el sesgo de ver todo en términos maniqueos, de blanco y negro, de bueno y malo. Y estas falsas creencias, producto de ese sesgo cognitivo, pueden llegar a ser muy persuasivas al formularse silogismos disyuntivos o dilemas en sentido estricto.

Ejemplos

Los siguientes ejemplos los he conseguido (en inglés) aquí.

Los buenos alumnos estudiarán y aprenderán sin necesidad de la amenaza de un examen, mientras que los malos alumnos no estudiarán ni aprenderán incluso con la amenaza de un examen. Por tanto, los exámenes no tienen ningún propósito.

Este argumento dilemático suena bastante persuasivo la primera vez que se lee. Creo que en parte es porque, si te das cuenta, la premisa más importante, la premisa disyuntiva, está implícita. Eso que está implícito en el argumento es que en los salones de clases solo hay dos tipos de alumnos, buenos y malos: o eres buen alumno o eres mal alumno. El argumento nos esconde su propio error: es evidentemente falso que solo haya dos tipos extremos de alumnos, lo normal es que haya alumnos que cumplan los objetivos si son presionados por las notas de los exámenes, y son escasos tanto los que estudiarán aunque no haya examen como los que no lo harán aunque de ello dependa su vida académica.

¿Me preguntas que cómo sé que estás en problemas financieros? Es simple: en una economía capitalista o ganas a lo grande o pierdes a lo grande, y sé que no eres uno de los grandes ganadores.

El argumento se puede reconstruir de la siguiente manera:

Premisa 1: en el capitalismo, o ganas a lo grande o pierdes a lo grande (no hay una tercera opción)
Premisa 2: es falso que tú hayas ganado (financieramente) a lo grande
Conclusión: es verdad que has perdido (financieramente) a lo grande

Nuevamente, el problema del argumento, lo que lo convierte en un falso dilema, es que la premisa 1 no es aceptable. No es verdad que en el capitalismo no haya opciones intermedias; de hecho, en las economías capitalistas es una característica común la enorme población de clase media (y esperemos que siga así).


Ejemplos en el blog

¿Cambio para elecciones o elecciones para el cambio? dilemas y falsos dilemas (aquí)


Fuentes bibliográficas

Govier, T. (2010). A practical study of argument. Wadsworth, Cengage Learning.




¿Te ha sido útil este artículo? Suscríbete a ARGUMENTA para que te mantengas actualizado con todo sobre la argumentación y la racionalidad.
Ingresa tu dirección de Email:


Delivered by FeedBurner

GUÍA DE ARGUMENTOS – EL DILEMA



En sentido estricto, los dilemas son situaciones argumentativas en las que existen dos opciones excluyentes entre sí (una o la otra, pero no, ambas) que conducen a una misma conclusión. Normalmente, se habla de dilema cuando se considera esa conclusión como una consecuencia inaceptable o mala. Sin embargo, nada obsta para que hablemos de dilemas cuando la conclusión es neutral o cuando es vista como buena (dilema positivo).

El esquema básico del dilema es el siguiente:

Premisa 1 (disyuntiva): o tiene lugar (hacemos) A o tiene lugar (hacemos) B
Premisa 2: si tiene lugar (hacemos) A, entonces (necesaria o plausiblemente) tendrá lugar C
Premisa 3: si tiene lugar (hacemos) B, también (necesaria o plausiblemente) tendrá lugar C
Conclusión: tendrá lugar C

Como decíamos, normalmente, cuando se habla de dilema el acaecimiento de C es un hecho negativo para los argumentantes o su auditorio. Pero nada obsta para el llamado dilema positivo si el hecho C es algo bueno para argumentantes o auditorio. También es importante que notes que las premisas del argumento pueden ser, a su vez, apoyadas en otras premisas. Por ejemplo, puede ser que debamos probar que si tiene lugar A, tendrá lugar C.

La fuerza o plausibilidad de las premisas 2 y 3 puede usarse para dividir los dilemas en dos tipos. (1) Si los condicionales de las premisas 2 y 3 son necesarios, el dilema es deductivo. Es decir, cuando necesariamente tendrá lugar C, sea que tenga lugar A o sea que tenga lugar B, estamos ante un dilema deductivo. (2) Si, en cambio, la consecuencia C es altamente probable o plausible, pero no es necesaria, podemos hablar de un dilema plausible. Esta división, más la de los dilemas en positivos y negativos, puede plantearse en una matriz:


Consecuencia mala

Consecuencia buena

Consecuencia necesaria

Dilema (negativo) deductivo

Dilema (positivo) deductivo


Consecuencia
 Plausible

Dilema (negativo) plausible

Dilema (positivo) plausible


Por su parte, el dilema moral es un tipo de dilema cuya consecuencia es moralmente mala. Es decir, se está ante un dilema moral si cualquiera de las dos acciones que podemos realizar implica una falta moral.

El esquema básico del dilema moral:

Premisa 1 (disyuntiva): o hacemos A o hacemos B
Premisa 2: si hacemos A, entonces (necesaria o plausiblemente) tendrá lugar C, que es moralmente incorrecto
Premisa 3: si hacemos B, entonces (necesaria o plausiblemente) tendrá lugar D, que también es moralmente incorrecto
Conclusión: de cualquier manera cometeremos una falta moral (haremos algo moralmente incorrecto)

Ejemplos

Ejemplo de dilema negativo

En el contexto de unas elecciones, alguien plantea el siguiente argumento dilemático:

Gane el candidato de izquierda o gane el candidato de derecha, nos irá mal: el de izquierda seguramente causará que bajen las inversiones y la economía decrezca. Mientras que el de derecha hará que el costo de la vida aumente.

La reconstrucción de este argumento puede plantearse en los siguientes términos:

Premisa 1 (disyuntiva): o gana el candidato de izquierda o gana el candidato de derecha
Premisa 2: si gana el candidato de izquierda, bajarán las inversiones y la economía decrecerá (lo que nos perjudica)
Premisa 3: si gana el candidato de derecha, el costo de la vida aumentará (lo que también nos perjudica)
Conclusión: gane el de izquierda o el de derecha, nos irá mal

Nota que esta reconstrucción se puede plantear de manera mucho más detallada. Se pudiera tomar el contenido de la premisa 2 como el fundamento de una sub-conclusión cuyo contenido sea lo que está entre paréntesis (que eso nos perjudica). Nota también que nada impide que el fundamento de las premisas 2 y 3 sea planteado de manera hipotética o mediante otro tipo de argumentos. Por ejemplo, pudiera ser que el argumentante plantee argumentos hipotéticos por casos: «supongamos que gana el de la izquierda, en ese caso estatizará empresas, regulará precios, etc., esto causará que bajen las inversiones y decrezca la economía, de manera que nos perjudicará (…) y supongamos que gane el de derecha…».

Ejemplo de dilema moral

Un dilema moral muy famoso y que está de moda con la robotización de los automóviles (en esta página puedes jugar con este dilema) es el dilema del tranvía. La siguiente es una versión del dilema:

Vas en un automóvil con dos pasajeros y pierdes los frenos. Si sigues en la misma dirección, es seguro (supongamos que es así) que morirán cinco peatones; mientras que si desvías el automóvil para cualquiera de los lados, morirán los dos pasajeros. ¿Qué haces?

El dilema moral –lo básico– que se puede reconstruir es:

Premisa 1 (disyuntiva): o seguimos en la misma dirección o nos desviamos
Premisa 2: si seguimos en la misma dirección, entonces (necesariamente) mataremos cinco peatones, lo que es moralmente incorrecto
Premisa 3: si desviamos el automóvil, entonces (necesariamente) mataremos a los dos pasajeros, lo que también es moralmente incorrecto
Conclusión: de cualquier manera cometeremos una falta moral (haremos algo moralmente incorrecto)

Evaluación (y ataque) de dilemas

Las siguientes preguntas sirven para evaluar dilemas, pero también pueden ser útiles para determinar qué estrategia seguir para atacar el dilema propuesto por la otra parte de una discusión:

(1) ¿Son aceptables las premisas?, específicamente:
(1.1) ¿Realmente estas dos opciones agotan todas las opciones viables? ¿No hay una tercera opción viable o razonable?
(1.2) ¿Realmente no es posible, correcto o viable la realización de ambas acciones que se presentan como excluyentes?
(1.3) ¿Es aceptable que si tiene lugar (o hacemos) A, entonces (necesaria o plausiblemente, según el caso) tendrá lugar C? ¿Es necesario, muy probable o algo plausible que sucederá C?
(1.4) ¿Es aceptable que si tiene lugar (o hacemos) B, entonces (necesaria o plausiblemente, según el caso) tendrá lugar C? ¿Es necesario, muy probable o algo plausible que sucederá C?

(2) ¿Está bien fundamentada la conclusión?, específicamente:
(2.1) ¿Se puede plantear un contradilema negando la conclusión?
(2.2) ¿Hay argumentos más fuertes que contradigan la conclusión?
(2.3) ¿No será preferible suspender el juicio con respecto a la conclusión del dilema hasta que haya más información o nuevas razones?

Una observación con respecto a las preguntas evaluativas del dilema. En un famoso libro de introducción a la Lógica (Copi & Cohen) se señalan tres formas de atacar o zafarse de un dilema: (a) probar que es falsa la disyunción inicial, (b) negar las consecuencias de uno o ambos casos –a esto se le llama «tomar el dilema por los cuernos»  o (c) plantear un contradilema. Como puedes ver, las preguntas críticas que hemos planteado contienen estos tres movimientos de manera un poco más detallada: el movimiento a se corresponde con las preguntas 1.1 y 1.2, el movimiento b se corresponde con las preguntas 1.3 y 1.4, y el movimiento c se corresponde con la pregunta 2.1.

Contradilema

Un contradilema toma la misma disyunción de la que parte un dilema pero lo conduce a la negación de sus consecuencias. Es posible construir un contradilema cuando se puede dar una lectura distinta a las consecuencias planteadas por el dilema. Un ejemplo de juguete es el siguiente:

Dilema: o compro un sándwich o compro una soda. Si compro un sándwich, entonces me quedaré con sed. Pero si compro la soda, me quedaré con hambre. De cualquier manera dejaré de satisfacer una necesidad.

Contradilema: partiendo de la misma disyunción, si compras un sándwich, saciarás tu hambre; y si compras la soda, saciarás tu sed. Por lo tanto, de cualquier manera satisfarás una necesidad.

El ejemplo más famoso del uso de un contradilema es el que da Eulato en la paradoja de Protágoras (o paradoja de la corte). Una versión de este ejemplo pueden conseguirla en Copi & Cohen, también en Wikipedia.

Protágoras (un famoso sofista de la antigua Grecia) tomó como alumno a Eulato. Cuando Eulato estuvo listo para argumentar en las cortes, como no tenía dinero para pagar sus estudios, Protágoras propuso que Eulato le pagara cuando ganara su primer juicio. Pasado un tiempo sin que Eulato tomara casos en juicio, Protágoras demanda el pago de sus servicios ante la corte. Como buen argumentante, Protágoras plantea el siguiente dilema: o Eulato gana el juicio o lo gano yo. Si lo gano, entonces Eulato debe pagarme, y si gana Eulato, también debe pagarme (porque ganó su primer juicio).
Eulato, como buen alumno de Protágoras, planteó un contradilema: o Protágoras pierde el juicio o lo pierdo yo. Si lo pierde Protágoras, no estoy obligado a pagarle;  si lo pierdo yo, no habré ganado aún mi primer juicio, de manera que tampoco debo pagarle.

Por cierto, ¿qué harías si fueras juez de esta causa?

Ejemplos en el blog

¿Cambio para elecciones o elecciones para el cambio? dilemas y falsos dilemas (aquí)

Referencias bibliográficas 

Copi, Irving, y Cohen, Carl. (2000). Introducción a la Lógica. Editorial Limusa. 



¿Te ha sido útil este artículo? Suscríbete a ARGUMENTA para que te mantengas actualizado con todo sobre la argumentación y la racionalidad.
Ingresa tu dirección de Email:


Delivered by FeedBurner

¿SE LEGITIMA UN RÉGIMEN SI ASISTIMOS A SUS ELECCIONES?



La historia de una familia secuestrada

Una familia es secuestrada por un grupo de delincuentes que los encierra en el sótano de su propia casa –en medio de un bosque–. Pasan los días y todavía siguen allí. Los delincuentes les dan alimento y ropa. De vez en cuando la familia recibe amenazas. Luego de tres meses el padre logra escuchar una conversación de los maleantes: no tienen intenciones de irse, desean convertir la casa del bosque en su centro de actividades, creen que el hombre y la mujer les serán útiles, no así los niños. Los delincuentes acuerdan otorgarle a la mujer una última llamada: puede llamar a sus padres, despedirse de ellos y decirles que están bien. A cambio, los dos adultos deberán firmar un documento que les da poder sobre todos sus bienes a los secuestradores. Padre y madre reflexionan. 

Antes de pasar al siguiente párrafo, quisiera que reflexionaras sobre las siguientes preguntas: ¿qué harías en esa situación? Si creyeras que probablemente esa llamada fuese la última posibilidad en mucho tiempo de ser rescatados, ¿firmarías el poder?

Si yo estuviera en la posición de la familia, razonaría de la siguiente manera: (1) otorgar un poder sobre todos los bienes familiares en esa situación de amenazas es absolutamente ilegal, el poder es nulo, no tiene ninguna validez. Así que, una vez rescatados (si lo somos), pudiéramos revertir gran parte de las decisiones de los secuestradores con respecto a nuestros bienes. (2) Aunque los secuestradores se pudieran sentir con más poder sobre nosotros al firmar el documento, porque es como si aceptásemos sus condiciones, este aspecto es, hasta cierto punto, dependiente de nuestra actitud. Debemos seguir protestando y pidiendo ayuda, y debemos firmar el poder expresando que lo hacemos bajo amenaza, que ellos no tienen ningún derecho sobre nosotros. (3) Intentaría que la llamada se convirtiera en un punto de quiebre, dejaría algún mensaje que alguien pudiera entender como un grito de ayuda. ¿Estás de acuerdo conmigo, amigo(a) lector(a)?

El argumento de la legitimidad

Como decíamos en un artículo anterior (ver), en la discusión sobre si es preferible que los partidos políticos de oposición participen en las elecciones regionales, quienes se oponen mantienen como su principal argumento (y a me parece que es el más fuerte) que al participar se legitima al régimen. Por poner el ejemplo más resaltante, María Corina Machado, coordinadora del partido político VENTE Venezuela, se ha separado –temporalmente– de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) porque considera que aceptar los términos del Consejo Nacional Electoral es legitimar al régimen (ver aquí). Este argumento puede reconstruirse de dos maneras distintas, una como una implicación lógico-normativa y la otra como una relación causal o descriptiva; las dos pueden ser vistas como argumentos por las consecuencias. En lo siguiente analizaré ambas formas.

Una suposición inicial que haremos es que el gobierno y las demás instituciones del poder que controla se han ilegitimado a causa de sus actuaciones contrarias a la Constitución (especialmente, la elección de la asamblea constituyente). De manera que en este momento son ilegítimas o, al menos, gran parte de sus actuaciones lo son. Esta suposición es aceptada por prácticamente toda la oposición y gran parte de la comunidad internacional. No será discutida en lo que analizaremos a continuación.

Reconstrucción como implicación lógico-normativa

La primera forma de reconstruir el argumento de legitimidad interpreta una de sus premisas (implícita en el argumento original) como una regla que señala lo siguiente: que los ciudadanos del país X acepten los términos de (o decidan asistir a) un acto organizado por quienes mandan en X es suficiente para considerar legítimos a los que mandan. El argumento, entonces, se reconstruiría así:

Premisa 1.1: que los ciudadanos del país X acepten los términos de (o decidan asistir a) un acto organizado por quienes mandan en X es suficiente para considerar legítimos a los que mandan
Premisa 1: si los venezolanos asistimos a las elecciones regionales en los términos impuestos por el CNE y el régimen, entonces legitimaremos al régimen (algo que no queremos, porque es una consecuencia negativa)
Conclusión: los venezolanos no debemos asistir a las elecciones regionales en los términos impuestos por el CNE y el régimen

El argumento tiene premisas relevantes para cada uno de sus pasos inferenciales, especialmente en el último: si realmente con esta acción legitimáramos a un régimen dictatorial, evidentemente no deberíamos actuar de esa manera. Sin embargo, el problema está en la aceptabilidad de las premisas 1 y 1.1. El de la premisa 1 es menos importante, pero el de la 1.1 es esencial. Veamos cada uno.

El primer problema, el menos importante, es ¿cuáles son los términos impuestos por el CNE? Hasta los momentos, los términos siguen siendo los de las elecciones pre-constituyentes, es decir, elecciones enmarcadas en un ambiente con abuso de poder, pero que en sí mismas no son totalmente injustas, pues hay garantías de que pueden ganarse (y llegaron a ganarse) y formalmente ser reconocidas por el régimen (aunque luego las autoridades electas son perseguidas o sus actos obstruidos). 

En este punto hay una diferencia fundamental con la no asistencia a la elección de la asamblea constituyente*: no solo esa asamblea fue convocada de manera inconstitucional  (mientras que las elecciones regionales están previstas en la Constitución y su suspensión era una de las causas de las protestas), sino que las bases comiciales adoptadas para la elección constituyente podían conducir a que con un 20 o 30% de los votos el oficialismo se quedara con la mayoría de la constituyente (ver aquí, aunque una conclusión más moderada puede conseguirse aquí). Esos términos eran inaceptables y demasiado riesgosos, como también serían los de las elecciones regionales si cambiasen las normas para que sus resultados fuesen altamente desproporcionados. Al menos hasta la inscripción de los candidatos regionales las reglas de juego se mantenían, así que la premisa 1 parte de un supuesto cuestionable.

El segundo problema con la aceptabilidad de las premisas se encuentra en la premisa 1.1. Este problema es esencial y se puede plantear así: ninguna de las teorías contemporáneas sobre la adquisición de legitimidad por parte de un sistema de poder señalan como condición suficiente la asistencia o la aceptación de los términos de uno o varios actos de ese sistema como fuente de su legitimidad.  Veamos algunos ejemplos.

(1) Según una tradición que se origina en Locke y Rousseau el consenso de la población es necesario (no, suficiente) para la legitimidad de la autoridad política. Pero no parece que el consenso en aceptar los términos emanados del poder para un acto particular implique el consenso general de sus actos, menos aún si el acto en cuestión viene antecedido de meses de protestas en contra del poder establecido y éste es altamente impopular por sus actos violatorios de la Constitución.

(2) Otra línea de pensamiento, que tiene su origen en John Rawls, aboga por el principio de legitimidad liberal (Ralws, 2001: p. 41): 

El poder político es legítimo solo cuando es ejercido de acuerdo con una constitución cuyo fundamento todo ciudadano (razonable y racional) pudiera apoyar a la luz de su razón humana común. 

En este caso, ni siquiera pudiera considerarse una condición necesaria la aceptación de los ciudadanos de las condiciones del poder político para ciertos actos, pues el poder político pudiera estar actuando –en esos u otros actos– de manera ilegítima (violando una constitución de fundamento racional o creando una de fundamento irracional).

(3) Por último, muchos pensadores consideran que, de una u otra manera, la democracia y las prácticas democráticas son necesarias para que el poder político sea legítimo. Algunos justifican esta posición señalando que la democracia garantiza –más o menos– la justicia de las decisiones (por ejemplo, Thomas Christiano); otros, indicando que las prácticas deliberativas de la democracia y la participación de los ciudadanos son necesarias para la legitimidad del poder (Jürgen Habermas); y otros, porque consideran que los procesos democráticos conducen a mejores resultados (instrumentalismo democrático). Desde ninguno de estos puntos de vista es posible considerar suficiente la participación en las elecciones constitucionalmente previstas para legitimar el poder, menos aún si el poder viola recurrentemente las prácticas democráticas y desconoce el órgano deliberativo por excelencia: el parlamento.   

En conclusión, no son aceptables las premisas del argumento de legitimidad, reconstruido desde una perspectiva lógico-normativa. Especialmente, es cuestionable que la aceptación de los términos de un acto organizado por el poder sea suficiente para considerarlo legítimo.

Reconstrucción descriptiva o como relación causal

La segunda forma de reconstruir el argumento de legitimidad interpreta que aceptar los términos de un acto organizado por el CNE causará que el régimen sea percibido (por el pueblo, la comunidad internacional o por ellos mismos) como un poder legítimo. En este caso la aceptación de los términos impuestos para la elección regional no implica (y ni siquiera tiene por qué ser necesaria para) la legitimación normativa del poder, sino que esa aceptación (y la consecuente asistencia al acto electoral) tiene como efecto causal que se perciba al régimen como legítimo, como si en el País se hubiera recuperado la normalidad democrática e institucional. El argumento se reconstruiría de la siguiente forma:

Premisa 1: que los venezolanos asistamos a las elecciones regionales en los términos impuestos por el CNE y el régimen causará que se perciba al régimen como un poder legítimo (algo que no queremos, porque es una consecuencia negativa)
Conclusión: los venezolanos no debemos asistir a las elecciones regionales en los términos impuestos por el CNE y el régimen

Nuevamente, si este argumento tiene algún punto débil es en la aceptabilidad de la premisa. Pero creo que la aceptabilidad solo puede ponerse en tela de juicio condicionalmente. Me explico.

El hecho de aceptar los términos actuales (pre-constituyentes) de las elecciones regionales no causará inevitablemente que se perciba que el régimen se ha legitimado o que ha vuelto a tomar los canales democráticos. Esa parte de la comunidad internacional que hoy denuncia al régimen lo hace, sobre todo, por la inconstitucional elección de una asamblea constituyente que se atribuye poderes sobre todos los demás poderes constituidos, la disolución de la Asamblea Nacional y la persecución a los disidentes. Nada de eso cambiará con la elección regional. De hecho, pudiera profundizarse si esas elecciones son suprimidas o sus resultados son fraudulentos, pero también si la oposición gana abrumadoramente, porque esto indicaría que los venezolanos han tomado dichas elecciones como una oportunidad para expresar su rechazo al régimen. Y esto último me parece importante: al final, si las organizaciones políticas de oposición y los venezolanos que rechazan al régimen toman las elecciones como un llamado de protesta, como una forma de expresar su rechazo, y hay condiciones que garanticen unas elecciones semejantes a las de las elecciones pre-constituyentes, entonces probablemente el resultado de esas elecciones (o su definitiva obstrucción o desconocimiento por el régimen) causará una peor percepción del régimen, no lo contrario. Incluso, no se puede descartar que, en esas condiciones, la presión contra el gobierno aumente. 

Y hay antecedentes históricos que hacen plausible esta posición. Por nombrar dos muy famosos: (1) el plebiscito chileno, impuesto dictatorialmente, aunque con consecuencias probables más determinantes que las de unas elecciones regionales, también dependió de la actitud asumida por los opositores (muchos consideraban que no debían asistir porque era inconstitucional y sería inevitablemente manipulada o desconocida). (2) Las elecciones parlamentarias en Polonia que condujeron al fin de la dictadura comunista: el régimen aceptó que la oposición participara en la elección de todos los escaños de la cámara de senadores (creada como parte de la negociación política), pero la oposición tuvo que aceptar que el régimen asegurara dos tercios de la cámara de diputados. En ninguno de estos casos el régimen se legitimó (normativa o «perceptivamente»), todo lo contrario, la actitud y los resultados coadyuvaron en el aumento de la presión para poner fin a la dictadura. Te recomiendo este artículo, donde Sergio Bitar habla sobre estos dos sucesos y reflexiona sobre nuestro caso .

Por eso, la aceptabilidad de la premisa según la cual asistir a las elecciones regionales en los términos impuestos por el CNE causará que se perciba al régimen como un poder legítimo, puede ponerse en tela de juicio de manera condicional:

Dependerá de la actitud de las partes, especialmente de los opositores, cuál percepción –la buena o la mala– sea finalmente la dominante.

Un último comentario: que las premisas de un argumento sean inaceptables no implica que su conclusión también lo sea. Esto último solo es posible si, además, hay buenos argumentos en contra de esa conclusión o si sobre el argumentante recaía la carga de la prueba. En este artículo únicamente señalamos que las premisas de uno de los principales argumentos en contra de asistir a las elecciones regionales son premisas inaceptables. En este otro artículo he concluido que, además, hay buenos argumentos para asistir a dichas elecciones. Como siempre, tanto estos análisis como los argumentos en sí mismos son de naturaleza derrotable: sus conclusiones pueden cambiar si hay nueva información o se aportan mejores razones.  

* Hace poco ha surgido en las redes sociales un argumento que señala que si se toman como correctas las razones a favor de ir a las elecciones regionales, con más razón se debería haber asistido a la elección de la asamblea constituyente.  Si me has seguido hasta aquí, deberías ser capaz de entender por qué creo que hay al menos una razón por la que ese argumento no es bueno.


Fuentes

Christiano, Thomas. (2008). The Constitution of Equality, Oxford: Oxford University Press.

Habermas, Jûrgen. (1994). Conciencia Moral y Acción Comunicativa. Ediciones Península.

Rawls, John. (2001). Justice as Fairness: A Restatement. Cambridge: Harvard University Press

Peter, Fabienne. (2017). Political Legitimacy, en The Stanford Encyclopedia of Philosophy 

Vergara E., Jorge. (2005). La concepción de la democracia deliberativa de Habermas, en Quórum Académico (aquí). 


GUÍA DE ARGUMENTOS – ERRÓNEA APELACIÓN A UN EXPERTO



Los argumentos en los que erróneamente se apela a un experto son aquellos en los que se usa incorrecta o inadecuadamente el esquema de argumentación a partir de una opinión experta (ver aquí). Aunque a veces se equipara la errónea apelación al experto con la falacia ad verecundiam, es preferible afirmar que esta última constituye una de las varias formas de errores que pueden suceder en la apelación al experto. Expliquémonos.

Normalmente, cuando se habla de falacias ad verencundiam se identifican dos tipos de errores:

(1) La persona citada como autoridad no es un experto.

(2) La persona citada sí es experta, pero lo que señala no forma parte del campo de su competencia o experiencia.

Estos dos casos pueden ser llamados falacia ad verecundiam en sentido estricto. Sin embargo, si revisamos las preguntas críticas del esquema de apelación a la opinión de un experto (ver aquí), es posible conseguir otros errores:

(3) Lo que se cita como señalado por el experto es una interpretación incorrecta de sus palabras o está sacado del contexto original.

(4) El experto no es confiable, porque ha cometido graves errores o tiene un claro interés en afirmar ciertas cosas, aunque forman parte de su área de su competencia.

(5) Aunque lo que señala el experto sí está dentro del área de su competencia, otros expertos están en desacuerdo con esas afirmaciones.

La teórica de la argumentación Trudy Govier considera que los puntos 4 y 5 también son formas de la falacia ad verecundiam (2010: p. 379).

Por último, aunque no viole alguna de las preguntas críticas del esquema, podemos incluir como error en el uso de expertos la siguiente situación:

(6) Apelar a un experto en aquellas discusiones en las que no es correcto usar ese tipo de argumentos.

Como se puede observar, hay errores que normalmente no son incluidos como comisiones de la falacia ad verecundiam pero que son importantes y más o menos frecuentes. Esa es la razón por la que preferimos hablar de incorrecta apelación a un experto en vez de la falacia ad verecundiam. Veamos algunos ejemplos de cada uno de los errores en cuestión.

Ejemplos

Falacia ad verecundiam

(1) El caso más extremo de error en la apelación a un experto es aquel en el que la persona citada no es un verdadero experto. En muchos mensajes publicitarios, por ejemplo, se presenta a alguien como experto o como representante de cierta comunidad de expertos, cuando solo es un actor disfrazado con una bata blanca.

Es importante destacar un error muy común cuando se identifican falacias de este tipo. A veces, cuando en algún tipo de publicidad se cita lo que dice o hace una celebridad, no se apela a la autoridad de esa celebridad, sino que se busca asociarla con un grupo en particular de personas o presentarla como ejemplo de que el uso de un producto tiene buenos resultados. Por ejemplo, una famosa actriz mostrando su hermosa cabellera luego de usar una determinada marca de acondicionador para el cabello no puede estudiarse como un caso de falacia ad verecundiam, porque no se cita a la celebridad como autoridad conocedora de las bondades de dicho producto, sino como testimonio o ejemplo de los buenos resultados (aunque, seguramente, esto también sea una manipulación, porque la celebridad no usa la marca en cuestión o tiene un estilista que la ha arreglado para el comercial). Asimismo, cuando una joven famosa aparece diciendo que tal o cual marca de hamburguesas es la mejor, no se apela a su autoridad o experiencia, sino a que sus seguidores vinculen las características de esa joven con dicha marca (lo que probablemente constituye un tipo de incorrecta apelación a la pertenencia a un grupo).  

(2) El caso paradigmático de experto que es citado fuera de su área de conocimiento es el de Albert Einstein. Muchas veces oímos o leemos citas de lo que pensaba Einstein sobre política o la sociedad con el fin de apoyar ciertas políticas públicas o sacar conclusiones sobre el estado actual del mundo. Un ejemplo específico es el siguiente (Douglas Walton, 2002, p. 222):

Este alarmante gasto en defensa conducirá a un desastre económico. Según Einstein, un país con un gasto muy grande en defensa es signo de inestabilidad política y no es consistente con una correcta política fiscal que conduzca a la recuperación duradera de una recesión.

El problema es que Albert Einstein era una autoridad en Física, pero no puede citarse como si fuera una autoridad en Economía o Política. 

Ahora bien, lo anterior no quiere decir que sus argumentos y opiniones no sean valiosos por haber sido un ser humano excepcionalmente brillante. Pero si usted fundamenta una opinión fuera del campo de la Física usando algún novedoso argumento brindado por Einstein, es por honestidad intelectual que debe citar a Einstein como la fuente de dicho argumento (es como decir «comparto los mismos argumentos que el señor tal»). En ese caso, la fuerza de su argumento no recaerá en la autoridad de Einstein, sino en la fuerza interna del mismo (qué tan aceptables y relevantes son sus premisas y qué tan bien fundamentada está su conclusión), de manera que usted tendrá la responsabilidad de defender el argumento si es objetado.       

Otros errores en la apelación a expertos

(3) Muchas veces se malinterpreta o se cita fuera de contexto lo que señaló un experto. Un ejemplo que, pese a ser tonto, es muy común sucede con el mismo Einstein y su teoría de la relatividad (créame, una versión de esto se lo escuché decir una vez a un Presidente):

Que lo que digas es verdad es algo relativo, porque todo es relativo, como señalaba Albert Einstein.

La teoría de la relatividad, una teoría de Física, es terriblemente tergiversada para negar la existencia de proposiciones verdaderas en cualquier ámbito y caer en el relativismo (algo que contradice las posiciones filosóficas y morales del mismo Einstein).

(4) Es posible que un experto no sea confiable. Por ejemplo, citar a un experto nutricionista sobre las bondades de comer el alimento X es incorrecto si ese experto ha sido acusado de afirmar ciertas cosas solo para vender sus propios productos, entre los que se encuentra una bebida basada en el alimento X.

Es importante señalar que aunque en este caso es legítimo poner en tela de juicio lo señalado por el experto, también sería falaz rechazar sus argumentos solo por la desconfianza que genera. Lo prudente sería suspender el juicio, no brindar una opinión, hasta que se tengan nuevos datos.

(5) Es incorrecto sostener nuestras opiniones en un experto si la mayoría de los expertos están en desacuerdo. Por ejemplo, los negacionistas del cambio climático muchas veces fundamentan sus opiniones en informes de expertos. El problema es que, no solo gran parte de esos informes son pagados por empresas con intereses en que no se regule la emisión de gases con efecto invernadero –por ejemplo, grandes compañías de combustible fósil–, sino que una mayoría abrumadora de la comunidad científica está de acuerdo en que el calentamiento global es real y es producto de la acción del ser humano.

(6) Por último, hay discusiones en las que es incorrecto apelar a la autoridad para defender nuestras opiniones. Por ejemplo, en una discusión científica sobre la existencia del calentamiento global es incorrecto que un científico señale como razón a favor el que otro experto haya dicho que el calentamiento global existe. En este caso, las afirmaciones deben ser probadas, fundamentarse en evidencias, no en la autoridad de alguien.

La ciencia medieval muchas veces se basaba en la autoridad de la Biblia y Aristóteles para apoyar sus hipótesis y afirmaciones. Por ejemplo, cuando fue publicado el libro de Nicolás Copérnico, De revolutionibus orbium coelestium (1543), el teólogo Andreas Osiander agregó un prefacio no autorizado señalando que Copérnico había escrito su modelo heliocéntrico como una mera hipótesis, no como algo verdadero o probable. Esto lo dijo porque se consideraba que la hipótesis de Copérnico contradecía el Viejo Testamento y lo que había enseñado Aristóteles (que defendía el modelo geocéntrico). Evidentemente, este uso del argumento por apelación a la autoridad es incorrecto según los estándares de prueba de la ciencia moderna.

Fuentes bibliográficas

Govier, T. (2010). A practical study of argument. Wadsworth, Cengage Learning.

Walton, D. (2008). Informal Logic Cambridge University Press, New York.





¿Te ha sido útil este artículo? Suscríbete a ARGUMENTA para que te mantengas actualizado con todo sobre la argumentación y la racionalidad.
Ingresa tu dirección de Email:


Delivered by FeedBurner