GUÍA DE ARGUMENTOS - PENDIENTE RESBALOSA


Los argumentos de pendiente resbalosa o resbaladiza (en inglés, slippery slope argument/fallacy) son casos extremos de los argumentos por las consecuencias negativas (aquí y aquí). Su esquema puede simplificarse de la siguiente manera:

Premisa: realizar la acción A (que puede parecer razonable) desatará una cadena de eventos indetenible y que conducirá a un resultado terrible
Conclusión: no debemos (o es preferible no) realizar la acción A

Si «desenrollamos» la serie de eventos, normalmente el argumento toma esta forma:

Premisa 1: realizar A conducirá al evento E1
Premisa 2: E1 conducirá a E2
Premisa 3: E2 causará E3
Premisa n: En-1 causará En
Premisa n+1: En es un evento terrible
Conclusión: por lo tanto, no debemos (o es preferible no) realizar A

La falacia de la pendiente resbalosa es una degeneración del esquema anterior. La falacia sucede en al menos dos casos:

(1) Si los vínculos causales que componen la cadena de eventos se van debilitando, de manera que es muy poco (o nada) plausible o probable el resultado final (En) terrible;
(2) si no es indetenible la cadena de eventos.

La falacia de la pendiente resbalosa tiene una gran fuerza persuasiva porque subrepticiamente se apela al miedo: el resultado final que se señala es tan terrible que abruma al auditorio, por lo que decide no tomar el riesgo de realizar la primera acción A.

Ejemplos y reflexiones en el blog:

- El error del día: falacia de la pendiente resbaladiza (aquí)

GUÍA DE ARGUMENTOS – ARGUMENTO POR LAS CONSECUENCIAS


Con esta entrada inauguramos una nueva sección en el blog: las guías de argumentos y de falacias. La idea es resumir en una entrada las formas de los argumentos que vamos estudiando (esquema argumentativo), la evaluación mediante preguntas críticas, algunas de las falacias que pueden cometerse y los vínculos de ejemplos y reflexiones que han sido escritos en el blog.

Esquemas básicos:

- Argumento a partir de consecuencias positivas:

Premisa: llevar a cabo la acción A tiene consecuencias positivas
Conclusión: por lo tanto, debemos hacer A

- Argumento a partir de consecuencias negativas:

Premisa: llevar a cabo la acción A tiene consecuencias negativas
Conclusión: por lo tanto, no debemos hacer A

Preguntas críticas (evaluación argumentativa):

(1) ¿Son aceptables las premisas? Específicamente:

(1.1) ¿Cuál es el nivel del perjuicio o beneficio de las supuestas consecuencias?
 (1.2) ¿Qué tan plausible/probable es que tenga lugar las consecuencias señaladas?

(2) ¿Está bien fundamentada la conclusión? Específicamente:

(2.1) ¿Hay posibles consecuencias contrarias a las citadas que puedan inclinar la balanza a no realizar A?
 (2.2) ¿Hay otras razones (por ejemplo, morales) para no llevar a cabo la acción A?

Ejemplos y reflexiones en el blog:

- ¿Qué es un argumento por las consecuencias? Aquí
- Argumentos por las consecuencias: planteando intereses, objetivos y posiciones de una negociación Aquí

- Análisis de un argumento por las consecuencias en contra de la legalización del matrimonio homosexual Aquí

CONVOCATORIA A UNA ASAMBLEA CONSTITUYENTE - ARGUMENTOS POR REDUCCIÓN AL ABSURDO


En Venezuela vivimos tiempos terribles. Son tiempos en los que reina la injusticia y la arbitrariedad. Sin embargo, el momento también nos brinda la oportunidad de aprender algunas cosas y poner en práctica otras. El llamado presidencial a una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) es un buen ejemplo. Ese llamado es una oportunidad para reflexionar y poner en práctica la argumentación jurídica, especialmente la vinculada a las interpretaciones normativas. En el artículo anterior esquematicé algunos argumentos por los que debía interpretarse que la convocatoria a una ANC es distinta a la iniciativa a convocar una ANC. En este artículo brindaré dos nuevos argumentos, solo que esta vez serán dispuestos en ataque a la posición contraria  (que la iniciativa de convocatoria constituye en sí misma la convocatoria a una ANC).

Plantearé ambos argumentos como reducciones al absurdo. En sentido estricto, la reducción al absurdo es más que un simple argumento. Comienza con la hipótesis o suposición que se pretende atacar, y (posiblemente) algunas premisas que son o deberían ser aceptadas en la discusión; posteriormente, en uno o más pasos se derivan algunas consecuencias a partir de la hipótesis inicial y las premisas aceptadas. El objetivo es demostrar que alguna de las consecuencias que se derivan contradice la hipótesis o alguna de las premisas aceptadas inicialmente. Si se demuestra dicha contradicción, entonces debe ser rechazada la hipótesis (suponiendo que las premisas iniciales son o deberían ser aceptadas por todos).

Una advertencia estética: he dejado de la manera más esquemática y numerada posible (sin caer en formalismos lógicos) cada una de las premisas y conclusiones de los argumentos. Las premisas iniciales serán identificadas con la letra «P» y un número (por ejemplo, P1). Las premisas o sub-conclusiones que se derivan de las premisas iniciales, la hipótesis u otras sub-conclusiones serán identificadas con una «D» (por «derivación») y una letra (por ejemplo, D3).

Argumentos por reducción al absurdo en contra de la interpretación iniciativa de convocatoria = convocatoria

En primer lugar, debemos dejar establecidas las premisas que no pondremos en tela de juicio y que deberían ser aceptadas en la discusión jurídica:

P1- En el pueblo reside el poder constituyente originario, o como dice la Constitución (art. 347): el pueblo es el depositario del poder constituyente originario.

P2- Como señaló la sentencia de la Corte Suprema de Justicia (nro. 17, de 19 de enero de 1999), y como gran parte de la doctrina acepta: el poder constituyente originario es una potestad primigenia de la comunidad política para darse una organización jurídica y constitucional.

P3- El ejercicio del poder constituyente originario implica darse una nueva Constitución, de allí que ese ejercicio sea supraconstitucional.

P4- Como el ejercicio del poder constituyente originario es supraconstitucional cualquier manifestación que tenga lugar en ejercicio de ese poder también es supraconstitucional.

P5- El artículo 347 reconoce como una forma de ejercer el poder constituyente originario (del pueblo) convocar a una ANC.

P6- Los poderes constituidos (entre esos el Poder Ejecutivo y, por tanto, el Presidente) son limitados y regulados por el poder constituyente. Las funciones del poder constituido están limitadas al marco de la Constitución. De manera que los poderes constituidos no pueden tener funciones que vayan más allá del marco constitucional, es decir, no pueden tener funciones supraconstitucionales.

Hipótesis - Supongamos que, como señala una interpretación del artículo 348 constitucional, la iniciativa de convocatoria a una ANC del Presidente (entre otros) constituye la convocatoria a una ANC. Es decir, que la iniciativa de convocatoria a una ANC es igual a la convocatoria a una ANC.

D1- Eso quiere decir que el Presidente está capacitado para el ejercicio de parte del poder constituyente originario (según lo dispuesto en la premisa 4).

D2- Pero como señalamos en la premisa 1, el poder constituyente originario reside en el pueblo, así que la única opción es que el Presidente ejerza ese poder en representación del pueblo. Es decir, el Presidente puede convocar a una ANC solo en representación del pueblo como poder constituyente originario.

D3- Ahora, lo señalado en D2, más el hecho de que el Presidente es parte de un poder constituido (premisa 6), implica que un poder constituido puede ejercer (en representación) parte del poder constituyente originario.

Consecuencia 1:

D4- Según la premisa 5, el artículo 347 reconoce como una forma de ejercer el poder constituyente originario (del pueblo) convocar a una ANC. Pero, según las premisas 3 y 4, el ejercicio de ese poder –en cualquiera de sus manifestaciones– es supraconstitucional. Luego, según D3, un poder constituido puede ejercer (en representación)  un poder supraconstitucional.

D5- La consecuencia de D4 no solo es peligrosa (un presidente con funciones supraconstitucionales), sino que contradice la premisa 6: los poderes constituidos son limitados al marco de la constitución que los crea y, por tanto, no pueden tener funciones supraconstitucionales.

Consecuencia 2:

P7- Si aceptamos una posición un poco más radical: el ejercicio del poder constituyente originario implica una ruptura con el orden constitucional preexistente. Entonces:

D6- según lo derivado en D4, un poder constituido (el Presidente, entre otros) puede ejercer una función que implica la ruptura con el orden constitucional mediante el cual fue elegido.

D7- Esto implica, como señalaría Eduardo Piacenza*, que al momento de invocar el poder constituyente originario, mediante la convocatoria a la ANC, el Presidente no puede hacerlo fundamentado en la Constitución, pues justo en ese momento se constituye una ruptura con el orden constitucional preexistente.

D8- Lo señalado en D7 implica que la Constitución contiene una contradicción pragmática, pues una de sus normas, al ser invocada, deja sin efecto la Constitución, y, por tanto, el fundamento jurídico para dicha invocación: al invocar el art. 348, el Presidente pierde el fundamento jurídico con respecto al cual, como Presidente, puede convocar a una ANC.

Conclusión general: ante cualquiera de las sub-conclusiones, D5 o D8, debemos rechazar la hipótesis inicial que hemos supuesto: la iniciativa de convocatoria constituye la convocatoria a la ANC.

El Decreto presidencial de convocatoria a la ANC y su fundamento en la Constitución 

Resumen de los dos argumentos

Argumento 1: si se acepta que la iniciativa de convocatoria a una ANC constituye la convocatoria a la ANC, debemos aceptar que el Presidente puede convocar a la ANC. Sin embargo, como la convocatoria a una ANC es una manifestación del ejercicio del poder constituyente originario, y cualquier manifestación del poder constituyente originario es supraconstitucional, aceptar la interpretación inicial es aceptar que el Presidente tiene una función supraconstitucional. Esto último contradice el hecho de que, por definición, los poderes constituidos (entre esos, el Presidente) solo pueden tener funciones dentro del marco de la Constitución que los crea.

Argumento 2: al aceptar que la iniciativa de convocatoria a una ANC constituye la convocatoria a la ANC, aceptamos que el Presidente puede convocar a la ANC. Pero como la convocatoria a una ANC es una manifestación del ejercicio del poder constituyente originario, y cualquier manifestación del poder constituyente originario implica una ruptura con el orden constitucional preexistente; aceptar la interpretación inicial es aceptar que cuando el Presidente convoca a una ANC se produce una ruptura del orden constitucional preexistente. Esto implica que la Constitución contiene una contradicción pragmática, pues tiene una norma que al ser invocada por el Presidente deja sin efecto el fundamento mediante el cual el Presidente, por su función de Presidente, puede invocarla.

Cualquiera de los dos argumentos, sin son aceptadas sus premisas, es suficiente para rechazar la interpretación inicial que señala que la iniciativa de convocatoria a la ANC es igual a (o constituye) la convocatoria a una ANC.

¿Qué interpretación alternativa debemos aceptar?

Ninguna de estas consecuencias contradictorias se produce si se interpreta que la iniciativa de convocatoria que tiene el Presidente (y otros), según lo dispone el artículo 348, comprende solamente el derecho a solicitar o proponer que el pueblo, en ejercicio del poder constituyente originario, convoque efectivamente la Asamblea Nacional Constituyente. En tal caso, la iniciativa de convocatoria no implica el ejercicio del poder constituyente originario, de manera que dicha iniciativa ni es una función supraconstitucional ni implica automáticamente la ruptura del orden constitucional preestablecido. Por esta razón esa debe ser la interpretación de los artículos 347 y 348 de la Constitución.

Por supuesto, la consecuencia inmediata de esta última interpretación es la obligación de realizar un referendo para que el pueblo decida si convoca a una Asamblea Nacional Constituyente.

Piacenza, E. Sobre el uso de la noción de poder constituyente originario en el fallo nº 17 del 19/1/99 de la CSJ: algunos materiales para su discusión académica. Trabajo presentado en el Seminario crisis y acción política, Instituto de Filosofía del Derecho “Dr. José M. Delgado Ocando” Universidad del Zulia.

SOLO EL PUEBLO PUEDE CONVOCAR A LA ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE – CUATRO ARGUMENTOS ESENCIALES


La presente entrada difiere un poco en el tono que normalmente tienen las que publico en el blog. Más que una reflexión sobre argumentos, en esta oportunidad hago una lista de razones que he escuchado o se me han ocurrido para estar en contra del llamado a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC). En realidad, hay muchos más argumentos, especialmente con respecto a la manera corporativista que el régimen pretende imponer para elegir a los representantes de la ANC; pero creo que hay un hecho previo mucho más grave: el régimen pretende que la iniciativa de convocatoria a la ANC que se le otorga al presidente (entre otros), dispuesta en el artículo 348 de la Constitución, es suficiente para convocar a la ANC y, por tanto, obligarnos a los venezolanos a una elección de los representantes de dicha asamblea. Lo que sostengo, como la mayoría de los juristas, políticos, intelectuales y académicos venezolanos, es que es necesario que la iniciativa de convocatoria sea aprobada por el voto mayoritario de los ciudadanos mediante un referendo; esa es la forma como se materializa lo dispuesto en el artículo 347: el pueblo puede convocar a una ANC como depositario del poder constituyente originario.

Antes de pasar a la lista, recordemos el contenido de los artículos 347 y 348 de nuestra Constitución:

Artículo 347. El pueblo de Venezuela es el depositario del poder constituyente originario. En ejercicio de dicho poder, puede convocar a una Asamblea Nacional Constituyente con el objeto de transformar el Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución.
Artículo 348. La iniciativa de convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente podrá hacerla el Presidente o Presidenta de la República en Consejo de Ministros; la Asamblea Nacional, mediante acuerdo de la dos terceras partes de sus integrantes; los Consejos Municipales en cabildos, mediante el voto de las dos terceras partes de los mismos; y el quince por ciento de los electores inscritos y electoras en el registro electoral.

Sin más preámbulos, esta es la lista de argumentos (sin que el orden signifique nada):

 (1) Argumento a partir de una interpretación gramatical       

De las acepciones de «iniciativa» recogidas por la Real Academia Española, las dos que tienen sentido en nuestro contexto son: como derecho de hacer una propuesta o como el acto mediante el que se ejerce ese derecho. Desde ese punto de vista, la Constitución le otorga al Presidente (entre otros) el derecho a proponer la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente. Por su parte, «convocar» es «citar para acudir a un lugar o acto determinado». Por lo tanto, debe entenderse que en el artículo 347 se le otorga exclusivamente al pueblo el poder de citar al acto de refundación del Estado y hacer una nueva Constitución mediante una Asamblea Nacional Constituyente. Mientras que en el artículo 348 se le otorga al Presidente (entre otros) el derecho de proponerle al Pueblo que convoque a la ANC.

(2) Argumento por sistematicidad de las normas constitucionales

Cada vez que la Constitución habla de la iniciativa de alguien se refiere a un derecho que tiene cierto sujeto de proponer algún acto con efectos jurídicos (un referendo, una reforma, una enmienda, etc.). Pero la iniciativa por sí sola no constituye el acto jurídico que se propone. Por ejemplo, el hecho de que se cumplan las condiciones dispuestas para ejercer la iniciativa de un referendo no es –no constituye– directamente ese referendo (entregar 20% de firmas de electores para un referendo revocatorio no es suficiente para revocar a un funcionario). Veamos cada una de las veces que la Constitución habla de iniciativa de alguien:

1- art. 71. «Las materias de especial trascendencia nacional podrán ser sometidas a referendo consultivo por iniciativa del Presidente o Presidenta de la República en Consejo de Ministros…»;
2- art. 73. «Los tratados, convenios o acuerdos internacionales que pudieren comprometer la soberanía nacional o transferir competencias a órganos supranacionales, podrán ser sometidos a referendo por iniciativa del Presidente…»;
3-  art. 74. « Serán sometidas a referendo, para ser abrogadas total o parcialmente, las leyes cuya abrogación fuere solicitada por iniciativa de un número no menor del diez por ciento de los electores…»;
4- art. 204. «La iniciativa de las leyes corresponde:
1. Al Poder Ejecutivo Nacional…»;
5- art. 341. «Las enmiendas a la Constitución se tramitarán en la forma siguiente:
1. La iniciativa podrá partir del quince por ciento de los ciudadanos y ciudadanas…»  
6- art. 343. «La iniciativa de la Reforma de la Constitución la ejerce la Asamblea Nacional mediante acuerdo aprobado por el voto de la mayoría de sus integrantes…»;­
7- el último caso es el del artículo 348. «La iniciativa de convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente podrá hacerla el Presidente…».


Sin contar el caso del artículo 348, en cada una de las normas citadas la iniciativa es parte de una estructura procedimental que puede generalizarse así:

Iniciativa para el acto A que tiene el fin F (si se cumple lo previsto para la iniciativa) se realiza A (si tiene lugar lo previsto para el cumplimiento de F mediante A) se cumple F

Por ejemplo, para el referendo revocatorio la estructura procedimental específica es:

Iniciativa (20% electores) para el referendo (A) con el fin de revocar al funcionario x (F) (si se recoge el 20% de firmas) referendo revocatorio (A) (si aprueba revocar al funcionario x una mayoría superior a la que lo eligió) revocado el mandato del funcionario x (F)

La Constitución es consistente en ese sentido, de manera que la iniciativa de convocatoria a la ANC que se le otorga al Presidente –entre otros–, según el artículo 348, debe tener esa misma estructura procedimental:

Iniciativa (15% electores, Presidente, 2/3 AN, 2/3 Consejos Municipales) para el acto (referendario) de convocatoria (A) a conformar una ANC (F) acto referendario en el que el pueblo decide la convocatoria a la ANC (A) (si lo aprueba la mayoría) convocada la ANC y elecciones de sus integrantes (F)

En otras palabras, como la Constitución es consistente cuando habla de la iniciativa de alguien como derecho de alguien a proponer la realización de algún acto, debe entenderse que la iniciativa de convocar a una ANC es un derecho a proponer la convocatoria a la ANC. Una vez ejercido ese derecho, el pueblo debe decidir si convoca o no a la ANC (según el artículo 347). Si, y solo si, el pueblo aprueba la convocatoria (mediante un referendo), puede procederse a la elección de los representantes constituyentes.  

(3) Argumento a partir de los antecedentes históricos

3.1- En 1999, sobre la base de las sentencias 17 y 18 dictadas por la Corte Suprema de Justicia de Venezuela, el proceso de convocatoria de la Asamblea Constituyente fue el siguiente: la iniciativa para la ANC de la actual Constitución fue ejercida por el entonces Presidente Hugo Chávez; una vez aprobada esa iniciativa, fue sometida a referendo popular; en el referendo se hicieron dos preguntas, en la primera de ellas expresamente se sometía a la aprobación de los electores la convocatoria a la ANC. Así fue redactada dicha pregunta:

¿Convoca usted una Asamblea Nacional Constituyente con el propósito de transformar el Estado y crear un nuevo ordenamiento jurídico que permita el funcionamiento efectivo de una Democracia Social y Participativa?

3.2- Si eres chavista o respetas las ideas de Chávez, entonces este argumento es para ti:

En las bases de su propuesta constitucional de 1999, Chávez expresamente señaló que la iniciativa a la Asamblea Nacional Constituyente debía ser sometida a referendo popular, en los siguientes términos*:

Se considerará aprobada la convocatoria a la asamblea constituyente si en el referéndum llamado al efecto, el número de votos afirmativos es superior al número de votos negativos. Si el resultado del referéndum fuera negativo, deberá transcurrir al menos un año para una nueva convocatoria. Si transcurrido ese tiempo la nueva convocatoria fuera rechazada, no podrá llamarse a un nuevo referéndum en un mismo período constitucional

* Estas afirmaciones están basadas en lo que señala el historiador Rafael Simón Jiménez. Lo pueden leer aquí.

(4) Argumento por reducción al absurdo

4.1- Si se aceptase la interpretación que le está dando el régimen a los artículos 347 y 348, cada nuevo presidente pudiera, cuando quisiera, obligarnos a ir a la elección de una ANC con poderes sobre todos los demás poderes constituidos. Incluso si al finalizar la etapa de redacción de la nueva constitución los venezolanos la rechazáramos mediante un referendo (referendo que el régimen también pretende negar), esto implicaría que fuimos dictatorialmente sometidos* a estar en un régimen especial (que puede durar el tiempo que los constituyentes consideren necesario), gobernados por un supra-poder, con el que no estábamos de acuerdo. Esta interpretación de los artículos 347 y 348 resulta absurda: la Constitución contendría un mecanismo al alcance de la mano de cualquier presidente, en cualquier momento, que implicaría inestabilidad, inseguridad jurídica y violación de los principios democráticos.

* Alguien pudiera argumentar que tendremos la oportunidad de elegir a los representantes constituyentes, por lo que sí se garantiza un proceso democrático. El problema es que, aunque una abrumadora mayoría de los venezolanos estuviese en desacuerdo con ir a una ANC, y esa mayoría se abstuviese en las elecciones de los constituyentes, el proceso de la ANC seguiría su marcha, no habría ningún mecanismo democrático para detenerlo. Como si eso no fuera suficiente, recordemos que lo que intenta hacer el actual régimen es que la mitad de los constituyentes sean elegidos de manera corporativa, sin votación universal.

4.2- Según la interpretación que hace el gobierno, además, sería mucho más fácil imponer una etapa transitoria de redacción de una nueva Constitución y en la que gobierna un supra-poder (la ANC) que revocar a un presidente. Para embarcarnos en el gobierno de un supra-poder que refunde el Estado, y con la capacidad de revocar a los titulares de los demás poderes, solo sería necesaria la iniciativa del presidente o del 15% de los electores nacionales, entre otras vías; mientras que para revocar al presidente se necesita 20% de las firmas y luego un referendo revocatorio en el que una mayoría de los electores, superior al número de votos que obtuvo dicho presidente al ser elegido, apruebe la revocación del mandato. 

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Invitación:

Si estás convencido de las razones que he expuesto, o de otras que se me escapan, y, al igual que yo, consideras que este llamado a la ANC, en las condiciones en las que se ha hecho, es terriblemente grave; te invito a que compartas por el medio que quieras este post o tus propias razones. Creo que en estos momentos de sinrazón es importante aportar algo, lo que sea, a la crítica ciudadana, al razonamiento y a la opinión pública. También te invito a que comentes más abajo lo que quieras: nuevas razones, objeciones, etc. (eso sí, siempre de manera respetuosa, por favor). 

LA FALACIA IGNORATIO ELENCHI TELEOLÓGICA



Una familia feliz

Imagina una familia en la que los padres y los hijos se reúnen alegremente para decidir adónde viajarán en las próximas navidades. Después de un rato, todos coinciden en que hay tres opciones que los harían felices: ir a un pueblo cercano, pasar las navidades en la casa de la abuela o irse de tour por Europa. El padre toma la palabra y dice: «he decidido que lo mejor es que vayamos al pueblito cercano, porque así conseguiremos nuestro fin más preciado: ser felices». Uno de los hijos se levanta bruscamente de su asiento y replica: «pues, si es por eso, creo que es preferible ir a la casa de la abuela»; luego se retira del recinto con un portazo. Como consecuencia de la actitud rebelde del hijo, el padre y la madre se reúnen para decidir cómo castigarlo. Tienen tres posibles castigos para el mal comportamiento del niño: (a) no salir de la casa por una semana, (b) no tener postre por una semana o (c) no salir de casa, no tener postre y no recibir llamadas por una semana. La madre toma ahora la palabra: «dado que nuestro hijo ha tenido un mal comportamiento, concluyo que lo mejor es castigarlo prohibiéndole salir de la casa, tener postre y recibir llamadas por una semana». ¿Qué piensas? ¿Son buenas razones las que han dado estos padres en ambas situaciones?

Si eres como yo, creo que estos razonamientos paternos te sabrán a poco; como si les faltara algo. Esto hace que las decisiones que se toman sobre la base de ellos se parezcan más a imposiciones que a opiniones justificadas. ¿Dónde reside el problema de dichos argumentos? El problema del que adolecen ambos casos puede ser introducido mediante una réplica bastante simple que puede resumirse en la siguiente frase: la misma razón que estás usando para apoyar tu opción pudiera usarse como razón de cualquiera de las otras opciones. Esta es la clave que está detrás de una forma específica de la falacia ignoratio elenchi (o de ignorancia en la cuestión) a la que dedicaremos esta entrada. Veamos.

La falacia ignoratio elenchi es un quebradero de cabezas desde que Aristóteles la propuso en su obra Refutaciones Sofísticas (de hecho, elenchos significa «refutación», así que, literalmente, ignoratio elenchi sería «ignorancia en la refutación»). Como señala Douglas Walton (Relevance in Argumentation, p.34): «la historia de la ignoratio elenchi como falacia tratada en los libros de texto desde hace dos mil años y medio después de Aristóteles, está plagada de ambigüedad, opacidad y confusión con respecto a la vinculación que con ella tienen otras falacias» (traducción mía). Así que entenderás que no podamos hablar ni fijar posiciones fuertes en una entrada de pocas páginas. No es este blog el que dirimirá una controversia de más de dos mil años. El gran problema de la falacia ignoratio elenchi  es que, desde una perspectiva amplia, abarca todo tipo de falacias de irrelevancia. Por eso, nosotros vamos a tratar solamente un tipo específico de ignoratio elenchi que, de ahora en adelante, llamaremos ignoratio elenchi teleológica (porque tiene que ver con argumentos sobre la satisfacción de fines u objetivos).   

La falacia ignoratio elenchi teleológica sucede cuando:

(1) en algún contexto hay ciertos fines generales;
(2) en ese contexto existen, implícita o explícitamente, varias opciones de acción, excluyentes entre sí, que pudieran tomarse como medidas para cumplir o satisfacer esos fines generales;
(3) un argumentante propone una de esas opciones (excluyendo las otras) tomando como razón que la opción elegida satisfará los fines generales, pero sin dar razones específicas que hagan más aceptable la opción elegida (con respecto a las demás) ni razones que desechen las otras opciones.

Si se puede hablar de un ejemplo clásico de este tipo de falacia, debe ser el que ilustran Copi y Cohen en su –también– clásico libro de introducción a la Lógica (p.141):

Las reformas particulares a las leyes fiscales con frecuencia se defienden haciendo hincapié sobre la necesidad de reducir los déficits fiscales –cuando el punto real es la bondad de una medida fiscal o de un nuevo impuesto en especial…

Es decir, alguien decide que se debe llevar a cabo una reforma particular a ciertas leyes fiscales (opción elegida por el argumentante), porque es necesario reducir los déficits fiscales (objetivo general). Nota que la falacia se puede desnudar intentando la réplica de la que hablamos al principio de este artículo: la misma razón que estás usando para apoyar esa reforma fiscal particular pudiera ponerse como razón de cualquiera de las otras opciones de reformas o medidas. También puede replicarse mediante la pregunta «¿y por qué esa reforma en particular y no otra?».

El problema específico que sucede en esta falacia que estamos estudiando es la irrelevancia de las premisas expresadas para hacer más aceptable la conclusión del argumento: si las afirmaciones que nos sirven de premisas pueden ser usadas, con el mismo sentido, para apoyar opciones que excluyen la que hemos elegido, entonces esas afirmaciones, por sí solas, no son relevantes para apoyar ninguna de las opciones, incluyendo la que elegimos.

Ten en cuenta que, desde otro punto de vista, los objetivos generales son relevantes para todas las opciones del contexto, porque esas opciones han sido estimadas como posibles vías para satisfacer tales objetivos. Por ejemplo, no se puede tomar cualquier medida para reducir el déficit fiscal; las opciones son varias pero limitadas: puedes reformar la ley fiscal tal o cual sobre tal o cual impuesto, pero no puedes reformar, por decir algo, las leyes penales. Desde este punto de vista, las opciones que tienen que ver con reformas de leyes fiscales (y tal vez haya que especificar más qué tipo de reformas), son relevantes en un sentido amplio para el objetivo de reducir el déficit fiscal; mientras que las reformas de leyes penales no son relevantes, en ese sentido amplio, para dicho objetivo. Sin embargo, la relevancia que nos interesa tiene un sentido más específico. Tomando el enfoque (llamado a veces relevancia probatoria) de la filósofa Trudy Govier, podemos hablar de relevancia positiva, negativa e irrelevancia en los siguientes términos:

(1) A es positivamente relevante para B si la verdad o (agrego yo) la aceptabilidad de A cuenta a favor de la verdad o (agrego yo) aceptabilidad de B;
(2) A es negativamente relevante para B si la verdad o (agrego yo) la aceptabilidad de A cuenta en contra de la verdad o (agrego yo) aceptabilidad de B;
(3) A es irrelevante para B si la verdad o (agrego yo) aceptabilidad de A no cuenta ni a favor ni en contra de la verdad o (agrego yo) aceptabilidad de B.
     
Pues bien, si se pretende que una afirmación A hace más aceptable la opción B, pero resulta que, con el mismo sentido, también puede pretenderse que A hace más aceptable la opción C, donde B y C son excluyentes entre sí, entonces la aceptabilidad de A, por sí sola, no puede contar a favor o en contra de la aceptabilidad de B (ni de C). A es, por sí sola, probatoriamente irrelevante para B (y, por la misma razón, para C).   

Volviendo a la familia

(1) En la discusión familiar sobre dónde pasar las navidades, tenemos como objetivo general ser felices, y están dadas tres opciones para satisfacer ese objetivo: ir a un pueblo cercano, pasar las navidades en la casa de la abuela o irse de tour por Europa. Cuando el padre argumenta «he decidido que lo mejor es que vayamos al pueblito cercano, porque así conseguiremos nuestro fin más preciado: ser felices». Comete la falacia ignoratio elenchi teleológica, porque la premisa (conseguir la felicidad) bien puede usarse, con el mismo sentido con el que ha sido usada, para apoyar cualquiera de las otras opciones. Así como se puede señalar  «he decidido que vayamos al pueblito cercano, porque así conseguiremos ser felices», pudiéramos haber dicho con sentido semejante «he decidido que vayamos a la casa de la abuela, porque así conseguiremos ser felices» o «he decidido que vayamos de tour por Europa, porque así conseguiremos ser felices». Luego, expresar que seremos felices no es probatoriamente relevante para apoyar una sola de las tres opciones.

(2) En el ejemplo de los castigos, tenemos como objetivo general imponer una sanción al hijo por su mal comportamiento. Las opciones que se manejan son (a) no salir de la casa por una semana, (b) no tener postre por una semana o (c) no salir de casa, no tener postre y no recibir llamadas por una semana. El argumento de la madre es «dado que nuestro hijo ha tenido un mal comportamiento, concluyo que lo mejor es castigarlo prohibiéndole salir de la casa, tener postre y recibir llamadas por una semana». Este argumento también cae en la falacia ignoratio elenchi teleológico, porque el objetivo general (la necesidad de imponer una sanción) puede apoyar, con el mismo sentido, cualquiera de las otras opciones expresadas.

En resumen, cuando en algún contexto se desea conseguir cierto objetivo, y para lograr ese objetivo hay varias posibles opciones excluyentes entre sí, comete la falacia ignoratio elenchi teleológica quien argumenta a favor de llevar a cabo una de esas opciones, excluyendo las demás, solo basado en que con esa opción se cumplirá el objetivo general, sin dar razones que hagan más aceptable dicha opción con respecto al resto o razones que desechen cada una de las otras opciones. Si te consigues ante una situación como esa, lo mejor es replicar «la misma razón que estás usando para apoyar tu opción pudiera usarse como razón de cualquiera de las otras opciones» o cuestionar «¿y por qué esa opción específica y no otra?»; de esa manera, forzarás al argumentante a que dé razones específicas o, si no puede darlas, a que se retracte de su argumento. Por supuesto, muchas veces el argumentante que ha sido dejado en evidencia ni brinda mejores razones ni se retracta de su argumento, en ese caso entramos en el reino de la arbitrariedad. De eso hablaremos en el próximo artículo.    

Fuentes:
Copi, I., Cohen, C. (2004). Introducción a la Lógica. Editorial Limusa.
Govier, T. (2010). A practical study of argument.  Wadsworth, Cengage Learning.
Walton, D.          (1995). A pragmatic theory of fallacy. University of Alabama Press.

- (2004). Relevance in argumentation. Lawrence Erlbaum Associates.