«PERO SI NO LO HAGO YO, OTRO LO HARÁ», MÁS QUE UN SIMPLE ARGUMENTO



No sé cuán frecuente será en otros países la pretensión de justificar las acciones propias mediante la frase citada en el título, «pero si no lo hago yo, otro lo hará»; en Venezuela es bastante común. Por eso quiero aprovechar para esbozar un análisis. Como todo esbozo, no es algo definitivo, ni exhaustivo, más aún porque me he dado cuenta de que la frase encierra cierta complejidad que a primera vista es difícil notar. Digamos que este es un primer acercamiento a la frase. En esta entrada solo analizaremos los movimientos argumentativos que contienen la frase en cuestión. En la próxima entrada hablaremos de un tipo de falacia en el que es usada.

Puedo imaginar muchos contextos en los que tiene lugar la frase-argumento, comencemos con uno:

Ejemplo 1 – el jarrón:

Juan consigue un jarrón carísimo, dentro hay una gran cantidad de oro a la que es imposible acceder sin destruir el jarrón; Juan sabe que el jarrón cuesta más que el oro que está dentro, pero es una pieza que no puede vender porque, al ser tan valiosa, sería descubierto y sancionado. Juan también sabe que dos ladrones se acercan; ellos pretenden hacer lo mismo que Juan está pensando: romper el jarrón, sacar el oro y hacerse ricos. Pero perder el jarrón viene con un precio, pues Juan sabe que es una rareza de otros tiempos, único en su estilo, de manera que romperlo causará una pérdida monetaria al país. Juan se convence de romper el jarrón porque, pese a las consecuencias negativas, si no lo hace él, otro lo hará (los ladrones que están llegando).   

Aunque no parece esencial, creo que lo más frecuente es encontrar la frase en discusiones sobre las consecuencias de ciertas acciones. Desde este punto de vista, sin embargo, el argumento no se consigue en un simple esquema por las consecuencias, sino como parte de lo que algunos autores llaman perfiles de diálogo.

Perfil de diálogo del «si no yo, otro»:

Un perfil de diálogo es una secuencia de movimientos argumentativos frecuente en ciertos contextos discursivos. Es posible que un perfil incluya más de una posición con respecto al tema discutido, de manera que contenga argumentos y contra-argumentos usuales. Hasta donde sé, nadie ha analizado desde esta perspectiva la frase «pero si no lo hago yo, otro lo hará», así que le pondré un nombre memorable y creativo para hablar del perfil y su esquema: «si no yo, otro» (¡tarán!).

En el ejemplo, la acción que se discute es si es preferible romper el jarrón. La estructura del caso es la de una secuencia de diálogo en la que el argumentante considera hacer A porque hay razones a favor (hacer A tiene buenas consecuencias para él); luego es objetado (por otro argumentante o él mismo) en vista de que hay razones en contra de hacer A (tiene consecuencias negativas para algún tercero equiparables a –o mayores que– las buenas consecuencias que tiene para el argumentante); por último, el argumentante considera que, de todas maneras, es preferible llevar a cabo la acción A porque si no la realiza él, otro la realizará.

Este caso tiene la siguiente estructura de diálogo:

Movimiento 1:
Hacer A tiene consecuencias positivas para mí
Por lo tanto, es preferible que yo haga A

Movimiento 2:
Hacer A tiene consecuencias negativas para b
Las consecuencias negativas para b son iguales o mayores que las positivas para mí
Por lo tanto, es preferible que yo no haga A

Movimiento 3:
Aunque acepto la razón del movimiento 2, si no hago A, c hará A
Por lo tanto, sí es preferible que yo haga A

Es importante notar que la razonabilidad o legitimidad del perfil depende del tipo de conclusiones a la que se pretende llegar. La conclusión del ejemplo es que, desde el punto de vista de Juan, es preferible romper el jarrón y llevarse el oro. En este caso, debemos entender la preferencia desde una perspectiva meramente económica (en sentido amplio), no moral. Por eso, de ahora en adelante, hablaremos de preferencias económicas.

Es razonable argumentar como lo hace Juan porque podemos presumir que, en igualdad de condiciones entre beneficiar a otro (c) y beneficiarme yo (suponiendo que una excluye la otra y que un beneficio para mí no conduzca a un perjuicio para c), es preferible que yo me beneficie. Así que si (1) tanto mi acción (que me aporta el beneficio) como la acción de c implican una consecuencia negativa para un tercero (para b), (2) esa consecuencia negativa no conduce a una prohibición legal o moral de llevar a cabo la acción y (3) mi inacción no evitaría tales consecuencias para b, entonces es razonable que prefiera actuar yo a que actúe c.

Tal vez, en el ejemplo 1 te parezca, lector, que las consecuencias negativas no son solo económicas, sino morales. El hecho de perder una reliquia culturalmente valiosa es inmoral. Por eso te planteo este otro ejemplo:     

Ejemplo 2 – el juego de cartas:
Juan, Pedro y yo estamos jugando cartas. Hemos llegado a un punto en el que sé que si continúo, ganaré 10 unidades, Pedro perderá 50 y Juan no perderá nada.
Si, en cambio, destapo mis cartas, no pierdo nada, Juan ganará 10 y Pedro perderá, igualmente, 50. Sé que si destapo mis cartas, Juan seguirá la partida y ganará.
Así que Pedro perderá en cualquier caso.
Aunque es una consecuencia negativa que Pedro pierda 50; y si solo estuviésemos Pedro y yo, destaparía mis cartas para que Pedro no perdiese tanto; no puedo evitar la pérdida de Pedro, pues si no gano yo, Juan lo hará. Por lo tanto, prefiero continuar jugando y ganar.

Al quitar todo viso moral parece razonable el perfil si no yo, otro. Repitámoslo: el tercer movimiento del diálogo es razonable cuando se discute qué acción es preferible, desde un punto de vista económico, que realice el argumentante.

Esquema si no yo, otro

El perfil que hemos estudiado puede ser reconstruido como un tipo de esquema argumentativo. Este esquema es complejo, porque incluye razones a favor y en contra de la conclusión. Para formar el esquema unimos los tres movimientos del perfil de diálogo si no yo, otro:

P1: hacer A tiene consecuencias (económicas) positivas para mí, pero tiene consecuencias (económicas) negativas para b
P2: las consecuencias negativas son mayores que las positivas
P3: si no realizo A, de todas maneras un tercero (c) realizará A
C: por lo tanto, es económicamente preferible que yo realice A


La evaluación de este argumento depende de la aceptabilidad de sus premisas y la buena fundamentación de su conclusión. Algunas de las preguntas críticas fundamentales son:

Aceptabilidad:

(1) ¿Realmente habrá consecuencias económicas positivas si se realiza A? ¿Qué tan plausible o probable es que tengan lugar esas consecuencias?
(2) ¿Realmente si no realizo A, lo hará un tercero? ¿Qué tan probable es que ese tercero realice A?
(3) ¿Tendrán lugar las mismas consecuencias negativas en caso de que el tercero realice la acción A? ¿Qué tan plausible o probable es que tengan lugar esas consecuencias negativas?

Fundamentación:

(4) ¿No hay otros argumentos que justifiquen no hacer A?
(5) ¿No será preferible omitir una decisión hasta que haya más evidencias o razones?

En el primer ejemplo, Juan debería preguntarse si realmente (o con qué probabilidad) podrá hacerse rico con el oro del jarrón (pregunta 1), si es verdad (o muy probable) que los ladrones que están llegando romperán el jarrón para llevarse el oro (2) y también si es verdad que si ellos rompen el jarrón, habrá una pérdida monetaria muy grande. Por otra parte, Juan debe plantearse si no hay otros argumentos en contra de hacer A. Justamente, si se considera que la pérdida del jarrón es una pérdida para la cultura humana, y que esto es inmoral, estamos dando una razón que no cae en el ámbito meramente económico. Por último, Juan ha de preguntarse si será preferible omitir su decisión (de la manera como está planteada la urgencia del caso, no es posible dejar de decidir).


En la próxima entrada discutiremos una falacia usual que se comete con el perfil/esquema si no yo, otro. Esa falacia puede ser llamada «la falacia del corrupto».