NADA QUE GANAR, NADA QUE PERDER... NEGOCIANDO CON EL ARQUITECTO DE MATRIX



La segunda y tercera películas de la trilogía de The Matrix (Reloaded y Revolution, respectivamente) han sido vapuleadas, con algo de razón, por parte de la crítica especializada. De la segunda salvaría la escena de persecución; de la tercera, um, no mucho. Ambas han envejecido mal, tanto en su estética como en el aspecto cinematográfico. Si en la primera el guion era una sorpresa, y algunas escenas son memorables (el fallido escape del edificio, al principio de la película), en la segunda hay una cantidad de diálogos pseudofilosóficos y secuencias de peleas extensísimas que entorpecen el ritmo; en la tercera hay pocas cosas destacables.

Pero uno de los diálogos confusos y pseudointelectuales de la segunda parte, el del Arquitecto con Neo, contiene una frase que, de vez en cuando, resuena en mi cabeza, «hay niveles de supervivencia que estamos dispuestos a aceptar». Pongamos un poco de contexto:

Neo llega hasta donde se encuentra el Arquitecto (el jefe de las máquinas y quien diseñó la matriz) con el fin de negociar la paz entre las máquinas y los pocos humanos que quedan en la ciudad subterránea de Sion. Tanto Neo como los espectadores creemos que las máquinas dependen de los humanos para poder vivir (un artilugio del guion según el cual las máquinas usan como baterías a los humanos). Sin embargo, el Arquitecto le explica a Neo que no es la primera vez que destruyen Sion; su plan es destruirla y dejar un grupo de sobrevivientes que, comandados por un líder (Neo), restablezcan la ciudad y comiencen, nuevamente, el ciclo de vida y muerte. Según el Arquitecto, Neo solo tiene que decidir hacer lo que siempre se ha hecho: escoger a un grupo de personas que reconstruyan Sion. Neo rechaza la propuesta y le responde que las máquinas también dependen de los humanos. Y es allí donde cae la pesada frase del Arquitecto, «hay niveles de supervivencia que estamos dispuestos a aceptar».

Es interesante el tipo de negociación que encierra el diálogo y la frase en cuestión. Al expresarla, el Arquitecto se convierte en un tipo duro, en un negociador difícil, competitivo, que no le deja opciones a Neo. Desde el principio, Neo sabe que su mejor alternativa a un acuerdo negociado (su BATNA) es terrible: si no hay trato, entonces él, su novia (Trinity) y lo que queda de los humanos serán aniquilados por las máquinas. Pero cree que esta alternativa también implica una mala alternativa para las máquinas: la destrucción de los humanos conlleva la destrucción de las máquinas o, por lo menos, algún tipo de condiciones que no desean en absoluto, si no ¿por qué tanto esfuerzo en construir la matriz y llevar a cabo tantos ciclos de destrucción?

Es decir, cuando Neo intenta descifrar el BATNA de las máquinas todo el esfuerzo que éstas realizan en mantener vivos a los humanos lo conduce a pensar que no tienen una buena alternativa si no negocian con él. Pero se equivoca. Las máquinas, en algún momento, han decidido tolerar las consecuencias de que Neo no acepte sus condiciones, de que no compre al precio que ellas quieren imponer. Esa decisión de tolerar las consecuencias negativas de no llegar a un acuerdo negociado implica un aumento del poder de negociación para quien toma dicha decisión. Veamos por qué.

Una máquina disponiéndose a negociar pacíficamente con los humanos

Una parte esencial de las negociaciones es la interdependencia de los negociadores: se necesita de la otra parte para lograr ciertos fines o satisfacer determinados intereses. En la medida en que una de las partes deja de depender de la otra para lograr sus fines o satisfacer sus intereses la necesidad de negociar se debilita. El caso límite es el de una persona que puede obtener lo que quiere, independientemente de los intereses y fines de los demás; por ejemplo, ¿por qué negociar por respirar el aire que respiro a diario? (aunque, tal vez, en una futura colonia lunar o marciana, el aire sea un bien transable).  En ese caso, negociar no tiene sentido, porque si no llego a un acuerdo, nada pierdo (seguiré respirando aire); y si llego a un acuerdo, nada gano (ya tenía aire que respirar).

Pero hay casos menos extremos en los que, hasta cierto punto, puede tener sentido una negociación. Uno es el caso en el que nada tengo que ganar si llego a un acuerdo en la negociación, pero tengo algo que perder si no hay trato. El otro caso es el contrario: tengo algo que ganar si hay trato, pero nada que perder si no lo hay (mi BATNA no es peor que mi estado actual, mi status quo). La necesidad de negociar dependerá, según el caso, en qué tanto se puede perder o qué tanto se puede ganar. ¿Se presentan estos casos en la realidad? Seguramente, pero, para simplificar las cosas, solo ilustraré un caso de fantasía, sacado de otra película, esta sí, un clásico: El Séptimo Sello, dirigida por Ingmar Bergman.

En El Séptimo Sello, un hombre, Antonius Block, le propone un juego de ajedrez a la muerte. La muerte quiere llevárselo (es la época de las cruzadas y la peste negra), pero él le plantea jugarse la vida, literalmente, en el tablero de ajedrez. Desde la perspectiva que nos interesa, Antonius Block no gana nada si gana el juego (claro, gana el juego, pero nada más), pues su vida ya la tenía; sin embargo, si pierde el juego, lo pierde todo: su vida. En cambio, la muerte no pierde nada si pierde el juego, pues se mantiene su status quo (no tener el alma de Antonius Block); pero si gana el juego, gana el alma de Antonius Block.

La muerte y Antonius Block comenzando a jugar.

¿En qué posiciones están, en principio, las máquinas y Neo? Las máquinas no ganan nada si hay un acuerdo (si Neo acepta los términos), pues se mantiene su status quo hasta el próximo ciclo; sin embargo, en principio, si no hay acuerdo (y hay una aniquilación de los humanos), entonces pierden algo, pues vivirán en condiciones peores que las que han mantenido. Neo, por su parte, pudiera ganar algo si hay un acuerdo en mejores condiciones que las planteadas por las máquinas; pero si solo le queda aceptar las condiciones de las máquinas, entonces tiene que decidir entre dos pérdidas, una mayor y una menor: la mayor, si no hay trato, es la aniquilación de los humanos; la menor, si acepta las condiciones, es la supervivencia de un grupo que reconstruirá Sion junto con él.

Las máquinas, en principio, están en la posición de Antonius Block; pero el giro implicado en la frase del Arquitecto es que, al decidir tolerar las condiciones de no llegar a un acuerdo, se acercan a la posición límite en la que no tienen nada que ganar y nada que perder. Siendo precisos, aún tienen algo que perder, pero lo pueden tolerar. Eso debilita, pero no destruye, los lazos de dependencia con la otra parte negociadora, con Neo como representante de los humanos. Y, como hemos dicho, a menor dependencia, mayor poder de negociación. Por eso el Arquitecto cree que puede imponerle a Neo sus condiciones.



¿Qué puede hacer Neo?    

Dos estrategias relevantes, puramente negociadoras y argumentativas ante alguien que ve que ya no tiene nada que ganar y nada que perder (en el caso extremo) son: (1) convencerlo de que puede ganar algo o mucho más de lo que piensa; (2) convencerlo de que puede perder algo o mucho más de lo que es tolerable. También pueden combinarse (mostrar que gana y pierde algo). Ambas estrategias dependen de cada caso específico, pero es importante notar que, en general, se puede convencer a la otra parte mostrando que las cuentas que había sacado eran erróneas, que eso que puede ganar o perder sí es algo con consecuencias relevantes (llamemos a este movimiento «por reinterpretación»); o mostrarle consecuencias que no fueron tomadas en cuenta en su análisis original (llamemos a este movimiento «por novedad»); o una combinación de ambos movimientos –el tipo de argumentación que se usa es por las consecuencias, si quieres saber más, sigue estas entradas 1, 2 y 3–.

En el caso de Neo, entonces, podía llevar a cabo alguna (o todas) de las siguientes estrategias:

G1: convencer a las máquinas de que han interpretado mal los hechos y sus consecuencias, de manera que sí tienen algo que ganar (movimiento por reinterpretación de las consecuencias positivas).
G2: convencer a las máquinas, mediante algún tipo de evidencia, de que hay nuevos elementos que, agregados a los ya conocidos, implican una ganancia relevante para ellas (movimiento por novedad positiva).
P1: convencer a las máquinas de que han interpretado mal los hechos y sus consecuencias, de manera que pueden perder mucho más de lo que creían (reinterpretación de las consecuencias negativas).
P2: convencer a las máquinas, mediante algún tipo de evidencia, de que hay nuevos elementos que, agregados a los ya conocidos, implican una pérdida significativa para ellas (movimiento por novedad negativa).

Spoiler: al final de Matrix Revolution, Neo llega hasta las máquinas y les presenta un nuevo elemento que las pueda hacer cambiar de parecer en cuanto a la destrucción de Sion: un agente de la matriz, el agente Smith, se está replicando ilimitadamente, poniendo en peligro la existencia misma de las máquinas (Smith se ha convertido en un virus informático). La propuesta de Neo es dejarse infectar por Smith (lo que implica convertirse en una réplica de dicho agente) para poder destruirlo –no nos cuentan los detalles de cómo se puede hacer esto, pero no importa–. En otras palabras, Neo usa un movimiento por novedad negativa: muestra un elemento (virus, agente Smith) que no fue tomado en cuenta por las máquinas al hacer su análisis original, y que implica unas consecuencias negativas no tolerables por ellas (destrucción total)... Las máquinas, por supuesto, aceptaron el trato de Neo. Colorín colorado...


¿Hay casos reales con tales características? Sí, actualmente, el problema venezolano y una hipotética nueva negociación gobierno-oposición tienen características análogas a las que hemos descrito. ¿Quién es el Arquitecto en este caso? ¿Quién es Neo? ¿Hay un agente Smith?... lo veremos en la próxima entrada.