CÓMO SABER SI UN ARGUMENTO ES BUENO - ARGUMENTOS SUBORDINADOS



Ya hemos estudiado cómo se forman las cadenas de argumentos llamadas argumentos subordinados (o concatenados) y cómo organizarlas. Ahora veremos una manera (no es la única) de evaluar tales estructuras, es decir, cómo determinar si un argumento de este tipo es bueno o malo.

La evaluación de las estructuras subordinadas depende de dos principios. Esos principios serán llamados, de ahora en adelante, el principio del eslabón más débil y del efecto dominó. Veamos a qué se refiere cada uno de ellos.

Principio del eslabón más débil

Este principio nos servirá para determinar el peso o valor de las argumentos subordinados como un todo. Como se puede intuir, el valor o fuerza general de la estructura depende del valor asignado a cada uno de los argumentos componentes. No obstante, al igual que en una cadena de eslabones, la fuerza de la estructura no será mayor que la del eslabón más débil.

Principio del eslabón más débil: las estructuras de argumentos subordinados son tan fuertes como su eslabón más débil. Es decir, el peso del argumento subordinado, como un todo, es igual al peso del sub-argumento más débil.

Principio del efecto dominó

Este principio es una consecuencia del principio del eslabón más débil. Un sub-argumento evaluado negativamente (injustificado) se convierte en el eslabón más débil. De esa forma todos los demás argumentos que dependen de él estarán injustificados –a menos que otro argumento los esté apoyando–.

En un dominó, las piezas que se encuentran delante de la pieza que cae también caerán. Y las piezas detrás de la que cae quedarán intactas. De igual manera, un sub-argumento en una etapa intermedia que quede injustificado dejará injustificados a todos los que se apoyan en él. Pero los sub-argumentos que apoyan al primer caído seguirán justificados.   

Efecto dominó: si un argumento componente de una estructura subordinada queda injustificado, dejará injustificados a todos los que se apoyan en él –si no se apoyan en otros argumentos–, pero no a los que lo apoyan.

Veamos una imagen del efecto dominó:

A la izquierda, la premisa en rojo es evaluada negativamente. A la derecha, el resultado es que esa evaluación se extiende a las proposiciones superiores (en rojo). Pero no a las inferiores (en verde).


Evaluación de Argumentos Subordinados

Aceptabilidad de las premisas

Como punto previo, de ahora en adelante, cuando hablemos de premisas base nos referiremos a las premisas de un argumento que no dependen de otros argumentos. Es el primer eslabón de la cadena.

Por ejemplo, en el argumento (simple) «Rick corre dos kilómetros diarios, por lo tanto, es un atleta» la premisa (Rick corre dos kilómetros diarios) es la premisa base, pues no está apoyada en otros argumentos. En cambio, en el argumento «un testigo ha dicho que Rick corre dos kilómetros diarios, por lo tanto, es verdad que Rick corre dos kilómetros diarios, por lo que debe ser un atleta», la premisa base es que un testigo ha dicho que Rick corre dos kilómetros diarios. 

En este último caso, la proposición «es verdad que Rick corre dos kilómetros diarios» es premisa del argumento componente «es verdad que Rick corre dos kilómetros diarios, por lo tanto, es un atleta» pero no es una premisa base. No lo es, porque está apoyada en la premisa «un testigo ha dicho que Rick corre dos kilómetros diarios».

Premisa base en rojo


Al hablar de aceptabilidad de las premisas nos referimos a la aceptabilidad de la premisa base

En el caso de los argumentos simples es irrelevante distinguir entre aceptabilidad de las premisas y de las premisas base, pues toda premisa es premisa base. En los argumentos subordinados sí es importante hacer la distinción.

En la evaluación de argumentos subordinados, por falta de aceptación de las premisas base, es aplicable el principio de efecto dominó. Si un argumento subordinado tiene una premisa base inaceptable (sea porque ha sido cuestionada en la discusión o porque es falsa), entonces todo el argumento subordinado quedará injustificado. Y se mantendrá injustificado mientras no se argumente a favor de la premisa base o se brinde otro argumento en favor de la conclusión a la que llegaba la premisa base.

Ejemplo de evaluación por aceptabilidad

En una discusión sobre si es correcto moralmente experimentar con embriones humanos en la etapa de cigoto, uno de los argumentantes brinda el siguiente argumento:

No debemos experimentar con embriones humanos en etapa de cigoto, porque ya en esa etapa tienen que ser considerados seres humanos. La razón de esto último es que, como señalan todas las religiones del mundo, incluso en tan temprana etapa, los embriones humanos tienen un alma humana.

La reconstrucción del argumento es la siguiente:


A:
Ca: No debemos experimentar con embriones humanos en etapa de cigoto
Pa1: Los embriones humanos en la etapa de cigoto son seres humanos
Pa1.1: Los embriones humanos en la etapa de cigoto tienen un alma humana

Pa1.1.1: Que los embriones humanos en la etapa de cigoto tienen un alma humana es señalado por todas las religiones del mundo


Ahora bien, la evaluación interna de este argumento debe señalar que la premisa base (Pa1.1.1) es inaceptable sin un argumento que la sostenga. Incluso si se aceptase el hecho de que las almas existen, no es verdad que todas las religiones del mundo sostengan, precisamente, que los embriones humanos en la etapa de cigoto tienen un alma humana.

En la evaluación de este tipo de argumentos, al ser inaceptable la premisa base, mientras no sea fundamentada dicha premisa o sea sustituida por otras razones, todo el argumento estará injustificado.  

Relevancia de las premisas

En el caso de la relevancia es necesario estudiar cada uno de los vínculos (o reglas) premisa-conclusión del argumento subordinado.

En este caso cobran importancia el principio del eslabón más débil y una característica del efecto dominó: las piezas anteriores no caen, solo las posteriores. Por ejemplo, en una estructura C-P1-P1.1-P1.1.1, supongamos que el vínculo entre P1.1 y P1 es irrelevante, en tal caso no solo el sub-argumento P1.1-P1 estará injustificado, sino también la cadena posterior, P1-C, pero bien pudiera estar justificada P1.1.1-P1.1.

Ejemplo de evaluación por relevancia

Tomemos el ejemplo que hemos dado para evaluar la aceptabilidad pero con dos ligeros cambios. En una discusión sobre si es correcto moralmente experimentar con embriones humanos en la etapa de cigoto, uno de los argumentantes brinda el siguiente argumento:


A:
Ca: No debemos experimentar con embriones humanos
Pa1: Los embriones humanos son seres humanos
Pa1.1: Los embriones humanos tienen un alma humana
Pa1.1.1: Que los embriones humanos tienen un alma humana es señalado por la mayoría de las personas del mundo

Pa1.1.1.1: Una encuesta mundial indica que la mayoría de las personas en el mundo consideran que los embriones humanos tienen un alma humana

Al evaluar internamente los vínculos o reglas premisas-conclusión, notamos que en el sub-argumento Pa1.1.1-Pa1.1 se comete una falacia de apelación a la mayoría: el hecho de que la mayoría de las personas consideren que los embriones humanos tienen alma humana no quiere decir que realmente los embriones humanos tengan alma humana. En otras palabras, es irrelevante la premisa para llegar a la conclusión.

En ese caso, el argumento A, como un todo, está injustificado. No obstante, el sub-argumento Pa1.1.1.1-Pa1.1.1 está justificado (suponiendo que no ha sido atacado de alguna manera). Todos los demás sub-argumentos que conforman el argumento A están injustificados.        

Fundamentación de conclusiones y sub-conclusiones

Al igual que la relevancia, la buena fundamentación de los argumentos subordinados depende de cada sub-argumento. Lo normal es que el peso (o fuerza) total de un argumento subordinado no sea superior al peso del sub-argumento de menor peso. Esto quiere decir que el valor que se le puede asignar al argumento cumple (normalmente) con el principio del eslabón más débil.

Ejemplo de fundamentación

En la discusión sobre si es correcto moralmente experimentar con embriones humanos en la etapa de cigoto, uno de los argumentantes brinda el siguiente argumento:


C: No debemos experimentar con embriones humanos
P1: Los embriones humanos son seres humanos
P1.1: Los embriones humanos tienen un alma humana
P1.1.1: Que los embriones humanos tienen un alma humana es una enseñanza ancestral
        
Supongamos que nos preguntamos «¿del uno al diez, donde “10” es un argumento fuerte y “1” es un argumento que apenas se sostiene, qué tan fuertes son cada uno de los sub-argumentos que componen el argumento?». Al analizar cada sub-argumento, concluimos lo siguiente:

- El sub-argumento C-P1 es bastante fuerte, pudiéramos otorgarle un valor de 9 o 10, por cuanto, en nuestra valoración, quien considera que hay casos moralmente aceptados en los que puede experimentarse con seres humanos (no voluntarios) tiene la carga de mostrar y justificar esos casos.

- El sub-argumento P1.1-P1, normalmente, es interpretado como un argumento deductivo, es decir, si algo tiene alma humana (necesariamente), es un ser humano. Así que le otorgamos 10. 

- Por último, el sub-argumento P1.1.1-P1.1, incluso si fuese aceptado como no falaz, debería ser valorado como mucho más débil que los otros dos sub-argumentos. La razón es que el hecho de que algo sea una enseñanza ancestral solo puede apoyar débilmente la verdad de eso que se enseña. Este último sub-argumento tendrá peso de 2 en la escala.

En conclusión, aunque los pesos independientes de P1.1-P1 y P1-C son los máximos posibles, el peso del argumento subordinado P1.1.1-P1.1-P1-C solo es 2 de 10. Esto lo hace fácilmente refutable en su conclusión C, así como en la sub-conclusión P1.1.1-P1.1.

Nota que el análisis anterior es sumamente importante si quieres determinar cuál estrategia seguir para encontrar las debilidades de los argumentos de tu oponente o para reforzar tus propios argumentos. Por ejemplo, en el argumento antes analizado sería importante reemplazar la premisa P1.1.1 por una que fundamente mejor la sub-conclusión P1.1 o reforzarla con algún tipo de razón científica (si es que la hubiere).

Para saber más sobre la evaluación de argumentos, te recomiendo este otro artículo.


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CÓMO ORGANIZAR ARGUMENTOS SUBORDINADOS O CONCATENADOS


En la entrada anterior introdujimos una estructura compleja de argumentación llamada argumentos subordinados (argumentos concatenados). Como dijimos en esa oportunidad, los argumentos subordinados son cadenas de argumentos, unos en apoyo de otros. En esta entrada verás cómo puedes organizarlos al momento de redactar argumentos y cómo identificarlos en los textos de otros.

1- Notación que usaremos para representar la estructura de los subordinados


De ahora en adelante, un argumento subordinado básico será formalizado de la siguiente manera «C-P1-P1.1», donde P1 es la premisa directa de C (conclusión general), y P1.1 es la premisa directa de P1.

Nota que los subíndices nos permiten extender indefinidamente la cadena de subordinación, además hacen fácil la determinación del puesto de los elementos del argumento; por ejemplo, la premisa P1.1.1.1 es la premisa que apoya directamente la premisa P1.1.1.

2- En qué patrones puedes organizar o conseguirte los subordinados básicos

Así como los argumentos simples expresados mediante el lenguaje natural pueden tener lugar en diversos patrones, los argumentos subordinados también. Solo trabajaremos con patrones de subordinados básicos, pero se supone que nuestro análisis es (más o menos) generalizable a subordinados más complejos (por ejemplo, que tengan tres o cuatro premisas).

Estos son los patrones de subordinados básicos:

  • C-P1-P1.1
  • C-P1.1-P1
  • P1-C-P1.1
  • P1- P1.1-C
  • P1.1-C-P1
  • P1.1-P1-C  


Veamos un ejemplo para que entiendas qué queremos decir con la organización de estos patrones. Supongamos que nuestra amiga María ha llamado seis veces a la casa de Juan y nadie contesta. En tal caso, pudiera dar el siguiente argumento «Juan no está en su casa, porque nadie contesta las llamadas», este argumento (que, dicho sea de paso, es derrotable) es un argumento simple cuyo patrón es C-P1, es decir, primero viene la conclusión (Juan no está en su casa) y luego viene la premisa directa (nadie contesta las llamadas). Supongamos que, en ese ejemplo, alguien nos pregunta «¿por qué dices que nadie contesta las llamadas en casa de Juan?», es decir, esa persona pone en tela de juicio mediante un «por qué» la premisa 1; en tal caso, pudiéramos replicar: María nos ha dicho que ha llamado seis veces y nadie contesta. Nota que esta réplica está apoyando la premisa 1 que había sido cuestionada, así que se ha formado una estructura subordinada de argumentos: C-P1-P1.1, donde P1.1 es «María nos ha dicho que ha llamado seis veces y nadie contesta».

3- ¿Qué marcadores argumentativos se usan con los argumentos subordinados?

Recuerda que los marcadores argumentativos son palabras o frases que, normalmente, señalan que estamos ante un argumento (por ejemplo: por lo tanto, porque, pues, en conclusión). Pues bien, en cada uno de los patrones que hemos visto normalmente se expresan ciertos marcadores argumentativos. Veamos algunas de esas expresiones (el cuadro es, evidentemente, no exhaustivo). El ejemplo real que tomaremos es una variación de un argumento que ya pusimos de ejemplo en la entrada anterior:

C: no es inmoral experimentar con embriones humanos (E.H);
P1: los EH no sufren;
P1.1: los EH no sienten dolor.

En el siguiente cuadro presentamos el patrón, un ejemplo abstracto de los marcadores que frecuentemente acompañan ese patrón y un ejemplo real.
  
Patrón
Ejemplo abstracto
Ejemplo real



C-P1-P1.1

«Concluimos que C, porque P1, y esto porque P1.1»

«Afirmamos que C, dado que (hemos probado que) P1, ahora, P1 por cuanto P1.1»

«C, por cuanto P1, y esto último dado que P1.1»


«Concluimos que no es inmoral experimentar con EH, porque los EH no sufren, y esto porque los EH no sienten dolor»


C-P1.1-P1

«C, pues, dado P1.1, (debemos concluir) P1»

«Debemos concluir que C, porque al tener lugar P1.1, también tiene lugar P1»



«No es inmoral experimentar con los EH, pues, dado que los EH no sienten dolor, los EH no sufren»


P1-C-P1.1

«Dado P1, (podemos concluir que) C; y la evidencia (razón, justificación) de P1 es que P1.1»

«P1, de manera que C; y lo primero es así en virtud de P1.1»


«Dado que los EH no sufren, no es inmoral experimentar con los EH; y la evidencia de que los EH no sufren es que los EH no sienten dolor»

«Los EH no sufren, de manera que no es inmoral experimentar con los EH; y lo primero es así en virtud de que los EH no sienten dolor»


P1-P1.1-C

«P1, porque (dado que, por cuanto) P1.1. Como consecuencia (conclusión) de todo lo anterior, C»

«Tiene lugar P1, dado P1.1; en conclusión, C»


«Los EH no sufren, pues los EH no sienten dolor. Como consecuencia de todo lo anterior, no es inmoral experimentar con los EH»


P1.1-C-P1

«Tiene lugar P1.1, así que debemos concluir C, porque P1»

«En virtud de P1.1, nuestra conclusión es que C; esto último porque P1»


«Los EH no sienten dolor, así que debemos concluir que no es inmoral experimentar con los EH, porque los EH no pueden sufrir»

«En virtud de que los EH no sienten dolor, nuestra conclusión es que no es inmoral experimentar con los EH; esto último porque los EH no sufren»

P1.1-P1-C

«P1.1, por lo tanto, P1; de manera que (en conclusión)

«Dado (en virtud, por cuanto) P1.1, P1; de allí que C»


«Dado que los EH no sienten dolor, los EH no sufren; de allí que no es inmoral experimentar con los EH »

4- Empaquetando todo – cómo puedes crear y organizar tus argumentos subordinados

En primer lugar, puedes usar la técnica del «por qué» para determinar cuáles son las razones que apoyan tu idea u opinión, y luego para determinar las razones que apoyan dichas razones (y la cadena puede seguir). Guíate por la manera como lo hicimos en el ejemplo de Juan. Una manera más detallada de conseguir razones puedes conseguirla en los primeros tres psos de esta mini-guía.

En segundo lugar, determina en cuál patrón sería natural organizar tu argumento subordinado. Te recomiendo que mantengas las cosas simples (¿conoces el acrónimo KISS? Keep it simple, stupid).

Ten cuidado con esos patrones que intercalan premisas y conclusión (P1-C-P1.1 o P1.1-C-P1), porque puedes confundir a tu audiencia y puede ser engorroso si luego debes agregar otras razones.

Otra recomendación: si tu objetivo es convencer a alguien de una conclusión que se le hace difícil aceptar, es preferible comenzar poniendo las premisas primero, especialmente aquellas que crees que dicha persona sí aceptará. Si de buenas a primeras le brindas la conclusión, la pondrás en estado de defensa y muy difícilmente la convenzas de nada, por muy buenas razones que tengas.


En tercer lugar, agrega marcadores argumentativos que hagan fluido el texto. Puedes usar los que te he puesto en el cuadro u otros que creas convenientes, pero, por favor, no dejes sin marcadores claros tu texto, pues puedes crear confusión y ambigüedad: si te digo «la fiesta terminará tarde, habrá mucha cerveza» ¿cuál es la premisa y cuál es la conclusión?



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GUÍA DE ARGUMENTOS - ARGUMENTOS SUBORDINADOS



Los argumentos subordinados son argumentaciones complejas formadas por dos o más argumentos simples, donde unos apoyan a los otros. Pueden verse como cadenas de argumentos, de allí que también sean llamados argumentos concatenados.


Supongamos que entre dos amigos surge una conversación sobre los experimentos con embriones humanos. Uno de ellos considera que sí se pueden permitir tales experimentos, pero solo mientras los embriones están en la etapa de cigotos. La discusión transcurre así:

Uno. – No veo ningún problema con que se permita la experimentación con embriones humanos en etapa de cigoto.
Dos. – ¿Pero no crees que sufrirán?, ¿no sentirán dolor?
Uno. – Justamente por eso es que no veo ningún problema. Los embriones humanos en etapa de cigoto no sufren.
Dos. – ¿En qué te basas para decir eso?
Uno. – En que en esa etapa aún no han desarrollado un sistema nervioso central, lo que es clave para poder sentir dolor.
Dos. – Ya veo, ¿y eso lo dices porque lo leíste en alguna parte?
Uno. – No, lo vi en una serie de televisión. La serie XYZ.
Dos. – ¿Y por qué deberíamos confiar en una serie de televisión para hacer afirmaciones tan fuertes?
Uno. – Bueno, esta serie tiene fama de ser muy seria y basarse en datos científicos reales.
Dos. – Creo que mejor cambiamos de tema hasta que tengamos datos más claros.

En lo siguiente no plantearé un análisis completo de la discusión de estos amigos, que bien parece ser una instancia de cuñadismo. Lo que me interesa es analizar la estructura de la argumentación de Uno.

Es interesante cómo un argumento simple se puede convertir fácilmente en uno complejo. Como se puede ver de la conversación anterior, la reiterada búsqueda de razones que justifiquen nuestras ideas u opiniones conduce a la construcción de cadenas de argumentos. Al reconstruir el argumento de Uno obtenemos la siguiente cadena:

Conclusión: No veo ningún problema con que se permita la experimentación con embriones humanos en etapa de cigoto.
(Porque)
Premisa 1: los embriones humanos en etapa de cigoto no sufren
(Porque)
Premisa 1.1: los embriones humanos en etapa de cigoto no han desarrollado un sistema nervioso central
(Porque)
Premisa 1.1.1: la serie de televisión XYZ así lo afirma (que los embriones humanos en etapa de cigoto no han desarrollado un sistema nervioso central) y esa serie es confiable

He incluido entre paréntesis el «porque» para hacer más evidente la relación de apoyo de las premisas: cada premisa apoya la proposición inmediatamente superior en la cadena. Así, la premisa 1.1 apoya directamente a la premisa 1, y la premisa 1, a su vez, apoya directamente la conclusión.

Ese tipo de cadenas argumentativas son llamadas argumentos subordinados o estructuras subordinadas de argumentosPueden verse como cadenas de argumentos, de allí que también sean llamados argumentos concatenados. Se pueden representar mediante el siguiente diagrama (la flecha indica el apoyo directo):

 
Estructura subordinada. Los puntos suspensivos al final indican que la cadena puede seguir.

Como hemos señalado arriba, una de las maneras más frecuentes de construir argumentos subordinados es mediante la búsqueda reiterada de razones: ante una idea u opinión nos preguntamos «¿por qué?», la respuesta es una razón ante la cual también nos podemos preguntar «¿por qué?», con lo que obtendríamos otra razón ante la cual también nos podemos preguntar «¿por qué?», y así sucesivamente.

_______________
Advertencia: el uso del «¿por qué?» es una manera básica de buscar razones en apoyo de nuestras ideas u opiniones, pero hay que saber distinguir entre la búsqueda de razones argumentativas, es decir, premisas, y razones explicativas, es decir, causas. Eso no lo estudiaremos aquí, pero queda de tarea para otra entrada del blog. Más sobre la organización de argumentos puedes conseguirla en la mini-guía sobre cómo organizar argumentos.
                                                    _______________

Por supuesto, hay otras formas de crear argumentos subordinados. Por ejemplo, también es frecuente que el argumentante se adelante a las posibles objeciones del oponente y brinde no solo razones directas, sino las razones que defenderían esas razones de primer orden ante sus cuestionamientos.


En próximas entradas estudiaremos cómo organizar y evaluar estas estructuras complejas de argumentos.



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GUÍA DE ARGUMENTOS - LA FALACIA DEL ESPANTAPÁJAROS



La falacia del espantapájaros o del hombre de paja es una falacia muy famosa en nuestros días. Cada cierto tiempo alguien señala que éste o aquél la han cometido. Y, es verdad, es famosa porque es frecuente. Basta escuchar ciertos debates para notar cómo los contendientes tergiversan los argumentos rivales para luego destruirlos. De allí el nombre: se hace del argumento rival un espantapájaros y luego se destruye más fácilmente. En esta entrada intentaré contestar tres preguntas: en qué consiste la falacia, por qué se considera falaz y cómo puede cometerse.

En qué consiste la falacia del espantapájaros

Me parece que una definición de partida bastante clara la dan Johnson y Blair (la tomo de la cita de Walton, 1996: p.116) –la traducción es mía–:

Cuando tergiversas la posición de tu oponente, atribuyes a esa persona un punto de vista con una configuración implausible que puedes demoler fácilmente, y luego procedes a argumentar en contra de dicha versión como si fuera la de tu oponente.

Los puntos clave son (1) se distorsiona o malinterpreta la posición de la otra parte, (2) esa mala interpretación es fácilmente objetable y, (3) de hecho, el que comete la falacia pretende haber objetado exitosamente el argumento original del oponente.

Aunque en líneas generales estoy de acuerdo con esa definición, creo que hay dos puntos que pueden generalizarse un poco más. En primer lugar, se puede tergiversar un argumento para rechazarlo o evaluarlo negativamente, no necesariamente para objetarlo mediante otro argumento. Y, en segundo lugar, muchas veces, quien tergiversa un argumento no es un contra-argumentante en el sentido estricto de la palabra, sino un analista de los argumentos. El analista puro tiene un rol pasivo: se atiene a lo que las partes han dicho en la discusión y evalúa sus correspondientes argumentos, sin atacarlos con nuevos contra-argumentos. Tomando en cuenta esos dos puntos, mi generalización de la falacia del espantapájaros sería la siguiente:

La falacia del espantapájaros se comete cuando:

(1) Se malinterpreta la posición de la otra parte;
(2) esa interpretación hace que el argumento sea fácilmente objetable o evaluable de manera negativa, y
(3) quien malinterpreta pretende que el argumento debe ser evaluado negativamente, sea porque ha sido objetado o sea porque, sin ser directamente objetado, su conclusión es muy débil o sus premisas son inaceptables o irrelevantes.

¿Por qué es falaz distorsionar el argumento del oponente?

En la entrada anterior señalaba que el principio de caridad en la argumentación tiene como contexto natural las discusiones argumentativas: discusiones en las que las partes pretenden resolver un conflicto o diferencia de opinión mediante los mejores argumentos posibles. Es decir, en las discusiones en las que aplica el principio caritativo los interlocutores, más que ganar, buscan cooperar para resolver las diferencias de opinión.

Pues bien, cuando se comete la falacia del espantapájaros se viola el principio de caridad y, con ello, se pone en peligro la resolución de la discusión argumentativa: al distorsionar el argumento del oponente es posible que se esté tergiversando el mejor argumento o que se impida continuar una línea de argumentos que eventualmente hubiera conducido a esos mejores.

Como decía en esa otra entrada, si se supone que en las discusiones argumentativas se busca la verdad, la justicia, lo preferible o el deber ser, entonces el análisis tiene que poner el énfasis en los argumentos de alta calidad. Las partes están obligadas a buscar los mejores argumentos posibles. Al tergiversar los argumentos rivales para hacerlos más débiles no se cumple con dicha obligación.

Cómo puede cometerse la falacia

Como hemos visto en otra entrada, los argumentos pueden ser atacados o evaluados negativamente de tres formas básicas: (1) por la aceptabilidad de alguna de sus premisas; (2) por la relevancia de esas premisas, o (3) por la fundamentación de la conclusión. Quien comete la falacia del espantapájaros puede tergiversar el argumento haciéndolo débil en alguno de esos tres puntos. Veamos un ejemplo de cada uno de estos casos.

En la película Inteligencia Artificial, cuando el creador del niño robot que puede amar presenta su idea, una de sus investigadoras señala algo como lo siguiente:

En estos momentos, en los que hay tanta animadversión contra los robots, e incluso grupos anti-robots, más que la viabilidad de un robot que sea capaz de amar a los humanos, me preocupa si los humanos serán capaces de amar a ese robot. ¿Deberíamos construir un robot así?

Imaginemos varios escenarios en los que se cae en la falacia del espantapájaros al intentar replicar dicho argumento.

(1) Aceptabilidad

Supongamos que alguien de la sala replica el argumento de la investigadora de la siguiente manera:

Bueno, no es verdad que todos los humanos se sientan insatisfechos con los robots. Según la última encuesta, el 40% dice necesitar sus robots en la vida cotidiana.

En este caso se tergiversa el argumento de la investigadora interpretando que lo que quiso decir es que todos los humanos están insatisfechos con los robots –algo que luego se rebate con una encuesta–, cuando ella en realidad se refería a grandes mayorías que sienten animadversión hacia los robots, lo que impediría, en general, sentir amor –y responsabilizarse– por tal tecnología. Esta tergiversación puede verse también como una instancia de la falacia secundum quid, pero eso lo veremos en otra entrada.

(2.1) Relevancia

Ahora imagina que, ante el mismo argumento de la investigadora, alguien le señala:

El hecho de que unos grupitos de desquiciados estén clamando por la destrucción de los robots no es importante para determinar si debemos o no construir un robot que ama.

Nota que el argumento de la investigadora no se centra en los grupitos que claman por destruir todo tipo de robot, sino en una animadversión más generalizada de los humanos hacia tal tecnología. La réplica, al interpretar de manera tan limitada y extrema la premisa de la que parte la investigadora, le resta varios puntos de relevancia con respecto a la conclusión moral sobre si debe construirse un robot que ama.      

(2.2) De hecho, también puede tergiversarse la conclusión para que la premisa real deje de ser relevante. Por ejemplo, si el intérprete señala:

Se equivoca, doctora, la posibilidad de crear una obra técnicamente tan impresionante no depende de la capacidad de amor que puedan recibir de los humanos, eso es irrelevante.

Evidentemente, el analista está tergiversando la conclusión a la que quiere llegar la investigadora. El problema para ella no es técnico, sino moral. El intérprete distorsiona la conclusión (poner en tela de juicio si se debe construir tal robot) para hacerla parecer meramente técnica. Por supuesto, desde el punto de vista técnico es irrelevante el aspecto moral, pero ese no era el punto en discusión.

(3) Fundamentación de la conclusión

Imagina que en el ejemplo anterior el contra-argumentante tergiversa la conclusión a la que quiere llegar la investigadora y replica:

Bueno, señora, déjeme decirle que confío en la capacidad técnica de esta fábrica. Tenemos a los mejores especialistas. Así que no es verdad, como usted deja entrever con su oposición a este proyecto, que no podremos crear ese robot que ama.

El contra-argumentante distorsiona la conclusión a la que quiere llegar la investigadora. En vez de poner sobre la mesa el deber moral de construir el robot, según el contra-argumentante, la investigadora se refiere a la capacidad técnica para construirlo. Luego, el contra-argumentante ataca la conclusión tergiversada mostrando que tienen los mejores especialistas.

¿Qué se puede hacer si tergiversan tu argumento?

Lo primero es partir de la buena fe del rival (aunque eso dependerá del grado de tergiversación y las referencias que trae el rival). En ese caso, lo primero sería aclarar el argumento propio. Por ejemplo, la investigadora puede señalar:

Déjeme aclarar mi punto. ¿Estaría usted de acuerdo en que se puede distinguir entre las capacidades técnicas y lo que moralmente se debe hacer? (Supongamos que la respuesta es sí). Pues bien, mi punto de vista es que, más allá de las capacidades técnicas, es posible que moralmente no debamos construir un robot capaz de amar. La razón por la que cuestiono moralmente esa acción es que considero que la mayoría de los seres humanos no serían recíprocos con el robot, no serían capaces de amarlo, de allí que, plausiblemente, no asumirían responsabilidades morales hacia el robot.

Si después de una o varias aclaratorias tu oponente sigue empeñado en tergiversar tu argumento, entonces tal vez sea mejor pasar a otras instancias, denunciar la falacia o dejar hasta ahí la discusión. Si tienes un auditorio al que quieres convencer –aparte de tu oponente–, las sucesivas aclaratorias pueden servir para hacer mucho más familiar tu punto de vista ante éste (lo que ayuda en la persuasión), y la confiabilidad de tu oponente puede verse afectada si se ha mantenido neciamente en su tergiversación y así lo ha entendido dicho auditorio.

Bibliografía

Walton, D. (1996). The straw man fallacy. Logic and Argumentation.


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