sábado

ARGUMENTOS A PARTIR DE ANTECEDENTES HISTÓRICOS – REFLEXIONES SOBRE EL EJEMPLO POLACO PARA VENEZUELA



En un artículo anterior señalaba que los argumentos a partir de casos precedentes, en el campo del Derecho, son un tipo de argumento por analogía. Otro uso frecuente de argumentos a partir de antecedentes tiene cabida en el campo de las comparaciones históricas para entender o decidir qué hacer en un momento actual o futuro. A este segundo tipo de analogía la llamaremos argumentación a partir de los antecedentes históricos. En mi situación actual, el uso más importante –y que me afecta directamente– de argumentación por los antecedentes históricos tiene que ver con el contexto venezolano: en esta encrucijada que vive Venezuela se han planteado varios hipotéticos escenarios de transición a la democracia; en algunos de esos escenarios tienen preponderancia las vías negociadoras y electorales; en otros escenarios, en cambio, consideran que en el contexto actual no son posibles tales salidas. Desde la posición pro-electoral es común citar los ejemplos precedentes de Chile, España y Polonia. Desde el lado contra-electoral es más frecuente atacar esos ejemplos supuestamente análogos que brindar contraejemplos (aunque también los hay; de hecho, ninguna de las dictaduras venezolanas, hasta los momentos, se ha extinguido por los votos).

Como el tema es demasiado amplio y requiere de una investigación rigurosa, de entre los ejemplos que –prima facie– parecen más promisorios he escogido solamente uno: la comparación entre el momento histórico que vive Venezuela y la transición hacia la democracia que vivió Polonia a finales de los 80. En esta entrada, sin embargo, la presentación de dicho ejemplo será parcial, porque, como verás, estimado lector, es imposible analizar esta analogía sin antes tener claro cuál esquema argumentativo debemos usar: como se hará evidente más abajo, el esquema argumentativo por los antecedentes históricos difiere del esquema de analogía por las semejanzas clásico (como el que estudiamos en esta entrada). Por ello, primero deberemos analizar qué forma tiene el argumento y cómo construirlo (o reconstruirlo) en el ejemplo que nos concierne. A eso nos dedicaremos en esta entrada.

La primera pregunta que debemos hacernos ante una empresa como la que me propongo realizar es ¿con qué fin se hace esta comparación? Específicamente, ¿Cuál puede ser el objetivo de comparar una situación actual con situaciones históricas precedentes? Confieso que se me ha hecho difícil determinar qué objetivos –y, en consecuencia, qué tipo de conclusiones– son comunes en los argumentos a partir de antecedentes históricos; es un tema que vale la pena estudiar en profundidad. Ahora bien, tomando como estrategia metodológica generalizar los aspectos básicos a partir del ejemplo específico que nos concierne, al imaginarme el contexto discursivo venezolano en el que surgen argumentos a partir de antecedentes históricos, veo que es plausible que la discusión se origine por una diferencia de opinión sobre qué acciones son preferibles llevar a cabo en la actual situación de Venezuela para recuperar, de alguna manera, la democracia. En ese contexto, una de las partes considera que es preferible algún tipo de vía en la que tenga preponderancia el sufragio (por ejemplo, que tengan lugar las elecciones regionales que fueron suspendidas, una elección presidencial adelantada o unas elecciones generales), pues considera que tal vía tendrá la consecuencia deseada: el restablecimiento de la institucionalidad democrática o una transición pacífica a la democracia. Hasta aquí el argumentante plantea una hipótesis que debe ser fundamentada: si tiene lugar la acción (o la vía) X, obtendremos la consecuencia Y. Para justificar su hipótesis, el argumentante plantea la semejanza del caso venezolano con casos que, además, aplicaron una vía semejante a la de su hipótesis y obtuvieron consecuencias similares a las que desea en el presente caso. Entre tales casos, el argumentante plantea el caso polaco con el fin de concluir que una vía semejante a la aplicada en Polonia (sea cual sea) tendrá consecuencias semejantes si es aplicada en Venezuela. A partir de ese contexto discursivo imaginario –pero plausible– podemos construir el patrón argumentativo general que siguen los argumentos por los antecedentes históricos como el de nuestro ejemplo:

Esquema de argumentación por los antecedentes históricos

Premisa 1: el caso actual A es semejante al caso histórico B en las características 1,2,…,n.
Premisa 2: en el caso B sucedió el hecho X y se obtuvo la característica Y.
Conclusión: Por lo tanto, (plausiblemente) si en A llegase a suceder un hecho similar a X, también se obtendría la característica Y. 

Como puedes observar, las diferencias más importantes con el esquema por analogía clásico (que ya estudiamos) están en la premisa 2 y la conclusión. Por una parte, en la premisa 2 se supone que en el caso A no ha sucedido cierto hecho (X) que sí sucedió en el antecedente histórico B. Por alguna posible conexión (la existencia de dicha conexión es algo que debe discutirse en las preguntas críticas), en el caso B, el acontecimiento X, más las características adicionales 1, 2,…,n, condujo a obtener una característica Y. Por otra parte, la conclusión del argumento por antecedentes históricos es condicional: se plantea una hipótesis que señala que si en el caso A sucede un hecho similar a X, entonces también se obtendrá, por alguna conexión, la característica Y.

En la comparación entre el caso venezolano y el polaco el esquema argumentativo tendrá, entonces, la siguiente forma general:

Premisa 1: el caso venezolano es semejante al caso polaco de 1989 en las características 1,2,…,n.
Premisa 2: en el caso polaco, adicionalmente, se aplicó una vía electoral y, posteriormente, hubo una transición pacífica a la democracia.
Conclusión: (plausiblemente) si en Venezuela se aplica una vía electoral semejante a la polaca, también habrá una transición pacífica a la democracia

Las preguntas críticas que podemos formular son casi las mismas que con respecto a la analogía clásica. Las diferencias más importantes se encuentran a partir de la cuarta pregunta:

Analogía por semejanza
Antecedentes históricos
(1) ¿Realmente A y B son semejantes en las características 1,…,n? ¿Qué tan semejantes: comparten la misma característica, son parecidos o tienen la misma función, etc.?
(1) ¿Realmente A y B son semejantes en las características 1,…,n? ¿Qué tan semejantes: comparten la misma característica, son parecidos o tienen la misma función, etc.?
(2) ¿Qué tan relevantes son las características 1,…,n para A y B: son esenciales, circunstanciales, estructurales o meramente superficiales?
(2) ¿Qué tan relevantes son las características 1,…,n para A y B: son esenciales, circunstanciales, estructurales o meramente superficiales?
(3) ¿Hay características en las que se diferencien A y B que puedan socavar o debilitar la similitud encontrada entre estos casos?
(3) ¿Hay características en las que se diferencien A y B que puedan socavar o debilitar la similitud encontrada entre estos casos?
(4) ¿Realmente B tiene la característica X? ¿Qué tan aceptable es la existencia de esa característica: es incuestionable, plausible, muy probable, etc.?
(4´) ¿Realmente en B sucedió X y se obtuvo la característica Y? ¿Qué tan aceptable es la existencia de esos sucesos y características: es incuestionable, plausible, muy probable, etc.?
(5) ¿Qué tan relevantes son las características similares 1,…,n con respecto a X? Es decir, ¿se sabe de alguna conexión entre las características 1,…,n y X (por ejemplo, relación causal, correlación, objetivo u origen)?
(5´) ¿Qué tan relevantes son las características (y sucesos) similares 1,…,n y X con respecto a Y? Es decir, ¿se sabe de alguna conexión entre las características 1,…,n, X y la característica Y (por ejemplo, relación causal, correlación, objetivo u origen)?
(6) ¿Hay algún un caso, C, tan o más semejante al caso A que B, pero que no tenga la característica X?
(6´) ¿Hay algún caso, C, tan o más semejante al caso A que B, en el que también sucedió un hecho similar a X, pero que no tuvo la característica Y?
¿O habrá algún caso actual D tan o más semejante al caso A que B, en el que se sabe que si sucede un hecho similar a X, no se obtendrá la característica Y?
(7) ¿Hay algún argumento tan o más fuerte que esta analogía, pero que esté en contra de que A tenga la característica X?

(7´) ¿Hay algún argumento tan o más fuerte que esta analogía pero que esté en contra de que si en A sucede un hecho semejante a X, se obtendrá la característica Y?
(8) ¿No será preferible, en el presente contexto, omitir una conclusión sobre si A tiene la característica X hasta que tengamos más razones?

(8´) ¿No será preferible, en el presente contexto, omitir una conclusión, hasta que tengamos más o mejores razones?

Algo que está implícito en las preguntas críticas, pero que debe quedar claro, es que no todas las respuestas que impliquen una evaluación negativa del argumento por analogía (tanto en la analogía por semejanza como en la analogía por el de antecedentes históricos) conducen a las mismas consecuencias con respecto a la conclusión de dicho argumento. En el caso de las preguntas que tienen que ver con la aceptabilidad y la relevancia de las premisas (de la primera a la quinta) las respuestas que implican que una evaluación negativa del argumento no conducen, automáticamente, a suponer que su conclusión es falsa, sino a que dicha conclusión no está bien fundamentada (suponiendo que no haya otros argumentos que la sustenten). Por ejemplo, aunque los casos citados no sean semejantes, o las características no sean relevantes para concluir que el caso actual tendrá alguna característica adicional, puede ser que haya otras razones importantes para sostener que, de todas formas, el caso actual tiene o tendrá la característica adicional en cuestión. Esto quiere decir que, aunque el argumento no pase alguna de las preguntas de la primera a la quinta, la contraparte necesitará razones adicionales que fundamenten la posición que niega que A tenga o pudiera tener la característica discutida. Lo mismo sucede con la octava pregunta: el hecho de que consideremos que el argumento no tiene la fuerza suficiente para llegar a una conclusión positiva, no quiere decir que es falso que el caso A tenga la característica pretendida. En cambio, las preguntas 6 y 7, si son respondidas afirmativamente, conducen a la conclusión de que el caso A no tiene la característica adicional del caso B; en esa situación decimos que el argumento por analogía ha sido refutado.

Volviendo al ejemplo venezolano, si aceptamos el esquema que hemos bocetado como punto de partida, podemos llenar los vacíos con más resolución. Como he señalado al principio, en esta entrada no haré la comparación entre ambos casos (el venezolano y el polaco), pero esbozaré las características mínimas que deben ser estudiadas para tener un argumento más preciso. Aceptando que en Polonia hubo una transición pacífica hacia la democracia, nos queda por estudiar: (a) ¿cuáles son las semejanzas 1,2,…,n entre el caso polaco y el venezolano? Y (b) ¿cuál fue, exactamente, la vía aplicada en Polonia en 1989? Nota que con estas dos preguntas no estamos planteándonos la evaluación del argumento, porque ni siquiera tenemos un argumento completamente construido, solo estamos dándole forma definitiva a la analogía a partir del antecedente histórico.

Para terminar, especificaré un poco más lo que necesitamos con respecto a las características semejantes de la premisa 1 (a). Creo que es necesario dividir, en líneas generales, las características relacionadas con los actores y las características relacionadas con el contexto. Entre las características relacionadas con los actores debemos, además, subdividir entre actores principales y actores secundarios con efectos importantes en las decisiones. Lo más importante, en cuanto a dichos actores, son las actitudes que tienen o tuvieron ante la situación general del respectivo país. Por ejemplo, en el caso polaco los actores principales están claramente definidos, los líderes del movimiento obrero opositor Solidaridad (entre ellos, Lech Wałęsa) y el gobierno comunista bajo el mando del dictador Wojciech Jaruzelski. Entre los actores secundarios pero importantes están (pero puede ser discutido) la iglesia católica, representada especialmente en la figura del Papa Juan Pablo II; la población polaca; los militares y, en un ámbito externo, la Unión Soviética y Estados Unidos. Con respecto a tales actores es necesaria una indagación sobre las actitudes que tomaron antes y durante las decisiones que condujeron a la transición pacífica hacia la democracia. En cuanto a las características de contexto, es importante investigar el marco social, legal, económico, político interno, político externo, cultural e histórico. Una vez determinadas dichas características, para el caso polaco, debemos preguntarnos cuáles de éstas son similares al caso actual venezolano.


¿Vale la pena, en nuestra situación actual, hacer ese trabajo? Es la pregunta del millón de Dólares (Dólares, porque los Bolívares están muy devaluados). No me parece un ejercicio banal, pero, posiblemente, tampoco constituya el argumento definitivo en uno u otro sentido. Mucha gente se siente persuadida por los argumentos a partir de los antecedentes, pero, muchas veces, porque parten de un supuesto erróneo: que la historia se repite. La historia no se repite, pero hay contextos y situaciones semejantes de los que podemos aprender. La conclusión de los argumentos por los antecedentes históricos, incluso luego de pasar por el tamiz de las preguntas críticas, no debe tomarse como más que una hipótesis de la cual surjan recomendaciones y sugerencias de acción. Ante situaciones abiertas y en desarrollo son frecuentes las sorpresas, los cisnes grises y los cisnes negros (algún día hablaremos de ellos); esto hace que nuestros argumentos sean derrotables y meramente plausibles. Por eso, si una recomendación debemos seguir en los análisis argumentativos de situaciones tan complejas es la prudencia, una rigurosa, racional y rigurosamente racional prudencia.  

lunes

LO MEJOR QUE HE VISTO, OÍDO O LEÍDO ESTA SEMANA (16-04-17 al 23-04-17)


Esta es la recopilación de la semana que ha pasado. Que yo lo haya visto la semana pasada no quiere decir que fue publicado la semana pasada. Puede ser que haya leído un artículo de hace un mes o visto (o revisitado) una película de hace cincuenta años.  Aunque algunos elementos del gusto son objetivos, para no caer en discusiones, esta lista de cosas es absolutamente subjetiva, muestra lo que más me gustó o impresionó en la semana.

Haiku

SANTOKA

Voy bordeando el agua
Todo el día
Sin decir una palabra

(Trad. Vicente Haya)

Blogs

Sinopsis: un paseo por la increíble variedad y mezcla de creencias y supersticiones que tienen lugar en el fútbol latinoamericano, especialmente en el fútbol brasileño y argentino. Para muestra un botón, el caso de Bilardo:
Ahora bien, como Carlos Salvador Bilardo no hay ni habrá ninguno. De la exageración hizo un arte. Del histrionismo, una marca registrada. Aquellas locuras de echar sal en el banquillo o en el suelo de vestuario («No se podía andar de tanta sal que había», dijo una vez Ruggeri) o de mandar a su equipo a cruzarse con el rival cuando este salía al campo, como una manada de gatos negros, se quedan pálidas al lado de las que desarrolló en la selección. Él las llama «costumbres» y llegaron al límite en el Mundial de 1986, que precisamente ganó. En México Bilardo comandó una selección que era una «cábala ambulante».

Sinopsis: la impresionante marcha opositora del 19 de abril en Caracas fue reprimida salvajemente por la Guardia Nacional. No hay mejor prueba de esa afirmación que la huida de muchos protestantes por las aguas del río Guaire (para quien no lo sepa, el Guaire es prácticamente una cloaca que recorre Caracas; ingresar a sus aguas es agarrar alguna infección). La Guardia Nacional no les dejó otra opción a quienes venían protestando pacíficamente: poner en peligro sus vidas, lanzándose a las aguas del Guaire, o ahogarse entre bombas lacrimógenas. El abogado Juan Manuel Raffalli analiza todos los delitos que se cometieron con esa acción despiadada de las fuerzas represoras.

Sinopsis: Thomas Mann es uno de los grandes genios de la literatura mundial. Nobel en 1929, autor de La Montaña Mágica y Los Buddenbrook. Pero, como dice Rafael Ruiz Pleguezuelos, entre el arte y la vida, prefirió el arte: en varias novelas sus personajes son retratos realistas de su familia, lo que le ocasionó grandes problemas. Las relaciones con sus seis hijos fueron terriblemente desiguales: a Erika, su hija mayor, la amaba; a Klaus lo odiaba; a otros ni los nombraba. Cuando Klaus se suicidó Thomas Mann ni siquiera suspendió el ciclo de conferencias que estaba dando, ni fue a su entierro. Excelente terrible historia.  

Sinopsis: el 15 de septiembre de este año llega a su final la exitosísima misión de la sonda Cassini en Saturno. Por eso, en la NASA cambiaron el rumbo de la sonda: ahora pasará entre la atmósfera de Saturno y sus anillos. Esto permitirá el estudio del planeta anillado con una precisión sin precedentes. También significará impresionantes postales. Ya veremos, pero lo triste es que, seguramente, pasará mucho tiempo para que volvamos a Saturno.

Música

La canción de Venezuela - Machado & Baez:
Música venezolana, con algunos de los mejores músicos del país en estado de gracia:


sábado

ARGUMENTOS POR ANALOGÍA – OTRAS MENTES Y CARACOLES EN CERVEZAS

El uso de analogías es frecuente en muchos ámbitos de la actividad humana, no solo en el razonamiento. Por eso, y porque se ha escrito mucho sobre ellas y desde diversos ángulos, hablar en general de analogías es algo inabarcable. En este artículo solo me referiré al uso argumentativo de la analogía. Pero ni siquiera eso es suficiente: hay varias concepciones de tal tipo de argumentación. Para no extenderme mucho, digamos que los tipos de analogías que me interesan en este momento están más cerca de lo que pudiera clasificarse como analogías por similitud. En estos casos podemos usar el siguiente esquema argumentativo general:

Premisa 1: el caso A es semejante al caso B en las características 1,2,…,n *
Premisa 2: B también tiene una característica X
Conclusión: Por lo tanto, A (plausiblemente) tiene la característica X 

En este esquema hay tres elementos ambiguos cuya precisión depende de la reflexión filosófica y, en la práctica, del uso específico que se haga de la analogía. Esos tres elementos son la semejanza, las características y la plausibilidad. No voy a dedicarme en este artículo a reflexionar sobre estos tres temas, pero voy a ilustrar las diferencias que pueden tener lugar en la práctica.


Comencemos con un ejemplo filosófico. Supongamos que te encuentras ante un robot con forma de humano y ante el humano que sirvió de modelo para el robot, ¿los tratarías de la misma manera? ¿Supondrías, concretamente, que los dos tienen pensamientos, sensaciones, sentimientos (en general, estados mentales) como los tuyos? Si eres como yo, creo que responderías que lo sensato es asignarle estados mentales al humano, pero no, al robot (¿notas, lector, que también usé una analogía para concluir lo que pudieras haber pensado?). En realidad, no puedo asegurar que el otro ser humano tenga estados mentales como los míos, porque me es imposible conocer directamente, por experiencia propia, la mente de otras personas; pero puedo presumirlo con cierto grado de plausibilidad, pues, como decía John Stuart Mill, los otros tienen cuerpos semejantes al mío y tienen actitudes semejantes ante los mismos estímulos, casos en los cuales yo tengo sensaciones, pensamientos y sentimientos (en fin, estados mentales). Si reconstruimos este último argumento, usando el esquema general de las analogías, lo pudiéramos formular así:

Analogía para asignarles estados mentales a otros humanos

Premisa 1: los otros humanos y yo tenemos características similares: poseemos cuerpos similares, tenemos actitudes similares ante estímulos semejantes.
Premisa 2: yo tengo estados mentales
Conclusión: plausiblemente, los otros humanos también tengan estados mentales

Si reflexionamos sobre por qué esta analogía no puede aplicarse al robot, nos aproximaremos un poco a lo que nos parece relevante en las similitudes a las que hemos apelado. No hablamos solamente de un parecido superficial, sino de que presumimos la existencia de una conexión entre las características que hemos destacado y la otra característica que yo tengo pero que no sé con seguridad si tienen los demás humanos o el robot: mis estados mentales.  En efecto, parece haber alguna conexión entre el hecho de que cuando hay cierto estímulo, normalmente, mi conducta viene precedida por algún estado mental (por ejemplo, entre poner la mano en el fuego y mi reacción alejándola media la sensación de dolor). Aunque el robot tenga un cuerpo parecido al mío, si sus reacciones ante los estímulos no son globalmente semejantes a los míos, difícilmente le asignaré estados mentales; aunque a mayor semejanza mayor será la duda.

Las características que hemos destacado en el ejemplo de las otras mentes son de distintos tipos. Por una parte, tener un cuerpo humano (o que parece humano) es una propiedad o atributo que tengo: podemos decir que Luis tiene un cuerpo humano. En cambio, el hecho de que ante ciertos estímulos haya ciertas reacciones o conductas apela a relaciones en las que yo estoy: la mano en el fuego causa que Luis la saque rápidamente. Esta diferencia no es importante aquí, pero quería dejar claro que cuando hablamos de características hablamos en términos amplísimos.

Veamos un segundo ejemplo, de un área distinta; el Derecho. En el ámbito jurídico hay dos usos frecuentes de las analogías: por una parte, en la calificación de casos e interpretación normativa. Es posible que ante un caso novedoso no haya una norma explícita, pero sí normas que regulen casos semejantes; este tipo de aplicación analógica del Derecho es típica de los sistemas civiles. Por otra parte, más frecuente en el sistema anglosajón (aunque también se aplica en el sistema de derecho civil) es el uso de sentencias judiciales de casos anteriores para solucionar casos actuales; este tipo de analogía también es llamada argumentación por los antecedentes (o precedentes). En este artículo brindaré un ejemplo del segundo tipo. Veamos.

Caso a. Un día de agosto, de 1928, la señora Donoghue disfrutaba de una cerveza de jengibre y un helado. La botella de la cerveza era opaca, así que no podía ver su contenido. De vez en cuando, la señora Donoghue vertía parte de la cerveza en el helado. En una de esas vertidas –la última, supongo–, con el líquido también salieron los restos de un caracol putrefacto. La señora Donoghue se sintió mal, no por el pobre caracol, sino físicamente, con dolores abdominales. A causa de esto demandó al señor Stevenson, quien era el que vendía la cerveza de jengibre en cuestión. Después del trajinar típico de estos casos, el caso llegó a la Cámara de los Lores. Por decisión mayoritaria se determinó que la empresa cervecera era jurídicamente responsable por negligencia, porque tenía una obligación de «cuidado razonable» al crear un producto que previsiblemente podía causar un daño al consumidor si no hubiese tal cuidado, y en circunstancias donde el consumidor no tenía posibilidad de examinar el producto (caso Donoghue vs Stevenson 1932 AC 562).

Estudia los siguientes dos casos, ¿pudiera en ellos declararse responsable por negligencia a la empresa, según el principio de cuidado razonable que se estableció en el caso anterior?

Caso b. Un señor toma un ascensor, el ascensor se cae, y el señor resulta seriamente lesionado. Se determina que el ascensor fue mal reparado por una compañía de ingeniería. El señor demanda la responsabilidad jurídica de la compañía por no cumplir con el cuidado razonable (caso Haseldine v. O. A. Daw & Son and Others. 1941 2 KB 343).

Caso c. una constructora compra una grúa a una empresa manufacturera. La constructora contrata a un experto para que monte y opere la grúa. Al montarla, el experto marca algunas partes defectuosas y señala que se lo dirá a sus empleadores. No obstante, sin arreglar los defectos, decide comenzar a operar la grúa. Mientras está trabajando, una parte de la grúa cede y el hombre cae. La viuda demanda a la empresa manufacturera de la grúa por negligencia (caso Farr vs Butters Brothers & Co. 1932 2 KB 606).   

Lo que se decidió en ambos casos fue lo siguiente. En el caso b la empresa era responsable por no tener el cuidado razonable, en analogía con el caso Donoghue vs Stevenson (caso a). En el caso c, en cambio, la manufacturera de la grúa no era responsable por negligencia. Si reconstruimos los argumentos que pudieron plantearse en el caso b, nos daremos cuenta de las características similares:

Caso b
Premisa 1: El caso b es semejante al caso a en las características: (1) no hubo un cuidado razonable por parte de la compañía o empresa en el producto u objeto X; (2) la falta de cuidado razonable podía provocar daños a alguna persona; (3) el producto u objeto X provocó un daño a una persona; (4) la persona que resultó lesionada no podía examinar el producto u objeto X.        
Premisa 2: en el caso a se determinó que la empresa era responsable jurídicamente.
Conclusión: en el caso b también debe decidirse que la compañía es responsable jurídicamente.

Hay un punto que debemos resaltar con respecto a la plausibilidad de las conclusiones en los argumentos por analogía. A veces la plausibilidad tiene que ver con probabilidad, otras veces tiene que ver con la posibilidad –no cuantificable– de que la conclusión se mantenga. En nuestro caso es preferible hablar de plausibilidad en los términos más amplios, como derrotabilidad, en el sentido de que la conclusión puede ser retractada o derrotada ante información o argumentos adicionales (más sobre la derrotabilidad en este artículo). De esta forma, cubrimos tanto los casos en los que una conclusión es plausible por ser probable, como los casos en los que solo hay cierta posibilidad de mantener dicha conclusión. Nota que en el ejemplo de las otras mentes, la plausibilidad puede ser más o menos cuantificada: yo puedo asignarle un peso específico al argumento, según alguna escala. En cambio, en la argumentación jurídica se hace un poco más difusa la necesidad y aplicación de dicha escala. Sin embargo, en ambos casos, es posible que nueva información haga necesario retractarnos de las conclusiones a las que habíamos llegado. Esa derrotabilidad puede ser expresada mediante las preguntas críticas para la evaluación de los argumentos, que es lo que haremos a continuación.

Preguntas críticas

Como es común en este blog, recomiendo que los argumentos sean puestos a prueba mediante un conjunto de preguntas críticas. Tales preguntas tienen que ver, en general, con la aceptabilidad de las premisas, la relevancia de éstas para llegar a la conclusión y la buena fundamentación de dicha conclusión. Veamos las preguntas críticas en el caso de la analogía:

(1) ¿Realmente A y B son semejantes en las características 1,…,n? ¿Qué tan semejantes: comparten la misma característica, son parecidos o tienen la misma función, etc.?
(2) ¿Qué tan relevantes son las características 1,…,n para A y B: son esenciales, circunstanciales, estructurales o meramente superficiales?
(3) ¿Hay características en las que se diferencien A y B que puedan socavar o debilitar la similitud encontrada entre estos casos?
(4) ¿Realmente B tiene la característica X? ¿Qué tan aceptable es la existencia de esa característica: es incuestionable, plausible, muy probable, etc.?
(5) ¿Qué tan relevantes son las características similares 1,…,n con respecto a X? Es decir, ¿se sabe de alguna conexión entre las características 1,…,n y X (por ejemplo, relación causal, correlación, objetivo u origen)?
(6) ¿Hay algún caso, C, tan o más semejante al caso A que B, pero que no tenga la característica X?
(7) ¿Hay algún argumento tan o más fuerte que esta analogía en contra de que A tenga la característica X?
(8) ¿No será preferible en el presente contexto omitir una conclusión sobre si A tiene la característica X hasta que tengamos más razones?

Nota que algunas de las preguntas críticas apuntan a estimar qué tan fuerte es el argumento (preguntas 1 a 5), mientras que otras apuntan a respuestas que simplemente lo derrotarían (preguntas 6 a 8). Sin embargo, es posible que la respuesta a las preguntas que estiman la fuerza del argumento indiquen que, en el contexto, no está justificado (no es un buen argumento); por ejemplo, si es demasiado débil la semejanza que existe entre los casos o las características similares son meramente superficiales.

Volviendo al ejemplo de la analogía por los antecedentes, revisemos por qué en el tercer caso no era aplicable el principio de cuidado razonable y, en consecuencia, no era responsable por negligencia la empresa manufacturera de la grúa:

El caso c tenía algunas semejanzas con el caso a (pregunta 1), como (1) no hubo un cuidado razonable por parte de la compañía o empresa en el producto u objeto X; (2) la falta de cuidado razonable podía provocar daños a alguna persona; (3) el producto u objeto X provocó un daño a una persona. Además, las características similares eran esenciales en ambos casos, pues fueron parte de las razones para demandar –y, en el caso a, sentenciar– a la empresa (pregunta 2). El hipotético argumento por analogía también pasaría las preguntas 4 y 5: el caso a incuestionablemente tenía la característica extra, esto es, que la empresa resultaba responsable jurídicamente (pregunta 4); y las características semejantes (que configuran la negligencia de la empresa) estaban fuertemente conectadas con esa característica extra (la responsabilidad jurídica), porque la responsabilidad jurídica de la empresa fue la conclusión a la que llegaron los jueces sobre la base de las características que configuraban su negligencia (pregunta 5).

Pero había un elemento que era fundamental en el que se distinguían (pregunta 3): la persona que murió, en el caso c, sí podía examinar el objeto X, y, en efecto, lo hizo: examinó la grúa y constató sus defectos. En este ejemplo, por lo tanto, la diferencia era tan importante que un hipotético argumento por analogía hubiera sido demasiado débil para tomar una decisión fundado en él.  

Seguiremos hablando de analogías, pues hay muchas cosas interesantes que destacar. En otras entradas analizaremos la aplicación de las demás preguntas críticas; son tan importantes, y tienen tantos matices, que no podemos abarcarlas todas en un solo artículo. También veremos analogías en otros campos del conocimiento.

* A veces los argumentos por analogía solo enuncian que dos casos son semejantes, sin señalar expresamente cuáles son las características en las que se asemejan. Aunque ese esquema también es correcto me parece que el que he expresado en este artículo es mucho más didáctico, sin llegar a ser excesivamente informativo o restrictivo.

Fuentes
Resúmenes de los casos citados:
Donoghue v Stevenson [1932] AC 562 House of Lords
http://www.e-lawresources.co.uk/Donoghue-v-Stevenson.php
Donoghue v Stevenson – Wikipedia en inglés
https://en.wikipedia.org/wiki/Donoghue_v_Stevenson
Farr vs Butters Brothers & Co. 1932 2 KB 606
https://www.cambridge.org/core/journals/cambridge-law-journal/article/tort-negligence-liability-of-manufacturer-of-article-to-employee-of-purchaserno-liability-where-employee-knew-of-defect-causing-injury/8A40F6A7102888FA45725CBD7E792E98
Haseldine v. O. A. Daw & Son and Others
http://www.austlii.edu.au/au/journals/ResJud/1941/61.html
Libros y artículos:
Govier, T. (2010). A practical study of argument.  Wadsworth, Cengage Learning.
Marraud, H. (2007). La analogía como transferencia argumentativa. Theoria, vol. 22/2, 59,  pp. 167-188.
Bartha, Paul, "Analogy and Analogical Reasoning", The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Winter 2016 Edition), Edward N. Zalta (ed.), https://plato.stanford.edu/archives/win2016/entries/reasoning-analogy/Walton, D. (1996). Argumentation schemes for presumptive reasoning. New Jersey: Lawrence Erlbaum Associates.

Yoris-Villasana, C. (2014). Analogía y fuerza argumentative. Caracas: UCAB y Universidad Metropolitana.

martes

LO MEJOR QUE HE VISTO, OÍDO O LEÍDO ESTA SEMANA (10-04-17 al 16-04-17)

Esta es la recopilación de la semana que ha pasado. Que yo lo haya visto la semana pasada no quiere decir que fue publicado la semana pasada. Puede ser que haya leído un artículo de hace un mes o visto (o revisitado) una película de hace cincuenta años.  Aunque algunos elementos del gusto son objetivos, para no caer en discusiones, esta lista de cosas es absolutamente subjetiva, muestra lo que más me gustó o impresionó en la semana.

Haiku
ISSA

Oye, melón fresquito,
si alguien viene a comerte…
¡conviértete en rana!

(Trad. Vicente Haya)

Blogs
Sinopsis: reseña de esa obra de arte que es la película Paterson, dirigida por Jim Jarmusch. Miguel Faus nos cuenta de la mágica sencillez de una película que gira en torno al día a día de Paterson, un poeta y chofer de autobús que vive en la ciudad del mismo nombre. Su relación de amor con una esposa soñadora pero sencilla, sus caminatas, sus idas al bar. Como dice Faus, es en las pequeñas variaciones del día a día de donde surge la poesía de lo cotidiano que vemos en la película.

Sinopsis: Daniel Marín (cuándo no) nos cuenta los últimos descubrimientos que ha hecho la NASA sobre Encélado, el pequeño satélite de Saturno. Desde hace un tiempo se sabe que Encélado es un mundo océano: tiene un océano global debajo de una capa de hielo que cubre toda su superficie; también se sabe que en la superficie hay géiseres que expulsan chorros de agua al espacio; y desde hace poco se sabía que la presencia de dióxido de silicio en esos chorros era indicio de fuentes hidrotermales en el fondo del océano. El nuevo descubrimiento es que los chorros también contienen hidrógeno, y eso constituye otra prueba más de la presencia de fuentes hidrotermales como las que existen en la Tierra. Esto no quiere decir que haya vida en Encélado, pero sí, que hay varios componentes necesarios para que sea habitable. 

Sinopsis: en la misma conferencia sobre los nuevos descubrimientos en Encélado, la NASA presentó nuevas observaciones que apuntan a la existencia de géiseres en otro mundo océano: Europa, satélite de Júpiter. La posibilidad de que haya géiseres aumenta el interés científico de la sonda Europa Clipper, que estudiará Europa a partir de 2025. Hasta entonces, tendremos que conformarnos con más observaciones del telescopio espacial Hubble.


Sinopsis: un artículo que sonará controversial para los creyentes. ¿Por qué se ve mal la actitud del apóstol Tomás que pide pruebas de que Jesús ha resucitado? Tomás simplemente apeló a un principio básico en cualquier empresa racional, la carga de la prueba: si usted hace una afirmación, debe probarla. Pero, es más, como popularizó Sagan (y, supuestamente, se origina con Hume), ante afirmaciones extraordinarias se requieren pruebas extraordinarias. Y, todavía más, lo que pudo comprobar Tomás cuando vio a Jesús no fue que haya resucitado, sino que, en ese momento, estaba vivo. Guillermo Peris va entrelazando el relato bíblico con las afirmaciones de pseudociencias actuales: como Tomás, tenemos que pedir pruebas extraordinarias para quienes dicen curar el cáncer con hierbas, homeopatías y milagros.


- “Le pedí a los guardias que me mataran para que no me pegaran más”; por Valentina Oropeza

Sinopsis: excelente reportaje de la periodista Valentina Oropeza desde tres posiciones: la de un joven manifestante apresado y torturado por Guardias Nacionales y Policías de la Policía Nacional Bolivariana; la de la madre del joven, que se enteró por una foto en Facebook de que su hijo había sido apresado; y la de la médico que lo recibió y se enfrentó a varios Guardias para que no se lo volvieran a llevar. Queda allí, para un futuro en el que estos casos puedan ser investigados por jueces realmente imparciales y justos.

Películas

- Paterson (Dir. Jim Jarmusch)
Ya hemos hablado de Paterson, una auténtica maravilla, preciosa obra de Jim Jarmusch. Esta película logra algo muy difícil: no solo que el personaje poeta narre su poesía a la cámara, sino que desde el punto de vista cinematográfico se haga poesía en los mismos términos que lo narrado por el poeta. Pocos hacen esto, como Andrei Tarkovsky y, en sus mejores momentos, Terrence Malick.


- Midnight Special (Dir. Jeff Nichols)
El director y guionista, Jeff Nichols, firma otra buena película. Esta vez sobre la relación de un niño con poderes especiales y su padre, quien trata de salvarlo de una secta y de los militares. Se nota la inspiración en obras de Spielberg (con quien algunos comienzan a comparar a Nichols), solo que Nichols tiene sus propias maneras. 



- Cuando Marnie estuvo allí (Dir. Hiromasa Yonobayashi) 
Una bella película animada sobre Ana, una chica deprimida, tímida, que se odia a sí misma; de su viaje a un pequeño pueblo; una casa abandonada y la fuerte relación que surge con una espectral Marnie. 





- La La Land (Dir. Damien Chazelle)

¿Qué se puede decir de La la land que no se haya dicho? Iba con algún prejuicio esnob ante dicha película, pero me ha convencido. Dos actores excelentes, especialmente Emma Stone, en una película que, me parece, no es color de rosa, tiene un tono oscuro en el fondo. Daniel Chazelle es otro joven director que va dejando su propia huella en el cine.


Música

Sister Rosetta Tharpe - This Train



Cécile McLorin Salvant - Nobody - Later... with Jools Holland - BBC Two

Esperanza Spalding - On The Sunny Side Of The Street (Live 2016)

La pianista de Jazz, Hiromi Uehara - Take me away 



domingo

¿CAMBIO PARA ELECCIONES O ELECCIONES PARA EL CAMBIO? DILEMAS Y FALSOS DILEMAS


En la última semana se ha vivido una controversia argumentativa en las redes sociales venezolanas. Producto de las legítimas protestas en contra de las decisiones del Tribunal Supremo de Justicia y la suspensión de las elecciones regionales, comenzó a surgir un supuesto dilema: ¿cambio para que haya elecciones o elecciones para que haya cambio? Algunos han desechado esto como un falso dilema. ¿Realmente estamos ante un dilema? ¿Es, en cambio, un falso dilema? Es lo que analizaremos en esta entrada.

¿Qué es un dilema?

Desde un punto de vista lógico, el dilema está vinculado con la disyunción de dos proposiciones o enunciados (disyuntos), excluyentes entre sí (esto se llama disyunción exclusiva: no pueden ser ambos verdaderos o ambos falsos), en la que ambas tienen una consecuencia lógica común. Por ejemplo, supón que aceptamos (a) que un presidente que era capaz de detener algún acto de corrupción que ya sucedió es un inmoral; (b) que un presidente que era incapaz de detener un acto de corrupción que ya sucedió es un inepto; y (c) que en cualquiera de esos casos, no es apto para ser presidente; en tal situación, se presenta un dilema lógico si nos damos cuenta de que o el Presidente de Bananaland era capaz de detener un gigantesco acto de corrupción que ha sucedido o era incapaz de detenerlo. Nota que la disyunción es exclusiva (o capaz o incapaz), y ambas posibilidades conducen a la misma consecuencia: no es apto para seguir como presidente (para llegar a esa conclusión se puede construir una prueba formal llamada eliminación de la disyunción).

La mayoría de las veces, sin embargo, cuando se habla de dilema se hace referencia a los dilemas morales. En el dilema moral un agente debe llevar a cabo una de dos acciones, tiene razones morales para llevar a cabo ambas, pero solo puede llevar a cabo una o la otra; de manera que, sea cual sea su decisión y su acción, caerá en una falta moral (te recomiendo la entrada sobre dilemas morales en la enciclopedia de Filosofía de Standford). Un famoso dilema moral fue planteado por el filósofo Jean-Paul Sartre: un joven quiere ir a la guerra para vengar a su hermano muerto y porque ve a los nazis como un mal que debe ser combatido; sin embargo, la madre del joven vive con él y es su único consuelo luego de la muerte de su otro hijo. Una u otra acción que tome el joven conduce a dejar insatisfecho un deber moral.

Un punto importante que debemos resaltar es que en el dilema moral la disyunción entre acciones no tiene que ser una disyunción lógicamente exclusiva. Por ejemplo, alguien pudiera criticar que, en el caso de Sartre, no hay un verdadero dilema, porque el joven tiene otra opción: llevarse a la mamá a un lugar cercano al campo de batalla. El problema es que, evidentemente, esa opción es inviable. De esta manera, cuando se habla de la disyunción de acciones del dilema moral, se entiende que tiene lugar entre acciones viables.

Por último, en las conversaciones cotidianas normalmente se habla de dilema para referirse a la elección entre dos posibles acciones (como en el dilema moral) que agotan todas las opciones viables, entre las que es necesario elegir pero que no se pueden llevar a cabo al mismo tiempo. A diferencia del dilema moral, sin embargo, no se plantea que llevar a cabo cualquiera de las acciones tenga consecuencias negativas o moralmente malas.

Pues bien, creo que cuando se plantea el supuesto dilema entre llevar a cabo un cambio antes de ir a elecciones o ir a elecciones para llevar a cabo el cambio, estamos ante esta última forma de entender los dilemas: es una simple disyunción de acciones, supuestamente excluyentes, con la pretensión de que no hay otras opciones viables. Veamos por qué.

En primer lugar, la frase que nos motiva debe ser reinterpretada caritativamente. El dilema no surge, estrictamente hablando, entre cambio y elecciones, sino –y eso es lo que parecen pretender los que la profieren– entre elecciones regionales o de presidente y las vías no electorales. Nota que lo estoy planteando en los términos más caritativos posibles para que sean proposiciones sin terceras opciones viables: (1) el dilema no es solo entre elecciones o presión de calle, porque alguien pudiera señalar, con razón, que hay otras vías no electorales (presión internacional, presión desde su mismo partido, de los militares, etc.); (2) en cuanto a las vías electorales, solo se plantea con respecto a elecciones regionales (gobernadores y alcaldes) o presidenciales, pero no con respecto a otras que sí pueden cambiar el régimen, como las reformas constitucionales y la asamblea nacional constituyente, pero que en los actuales momentos no son viables; llamemos a las elecciones que nos interesan, en este caso, elecciones para cargos de elección popular.

De igual manera, los que plantean la frase no parecen entender por cambio solo un cambio de presidente o de gobernadores, sino el cambio total, digamos, del régimen actual. Nota que, si no lo interpretamos de esa manera, sería fácil refutar lo que dicen: el presidente, un gobernador o cualquier otro en algún puesto de elección popular sí puede ser cambiado mediante elecciones. Entonces, lo que quiere decir la frase es que:

O se cambia al régimen actual mediante elecciones de cargos de elección popular o se cambia mediante vías no electorales.

En segundo lugar, las veces que he visto escrita la frase son con el fin de criticar a aquellos que, como los partidos de la Mesa de la Unidad Democrática, creen que la actual presión popular –e internacional– debe encaminarse para que el gobierno fije el cronograma electoral constitucionalmente establecido. Esto quiere decir que el supuesto dilema se presenta, más bien, como una especie de silogismo disyuntivo:

O se cambia al régimen actual mediante elecciones de cargos de elección popular o se cambia mediante vías no electorales. Pero no es posible, en realidad, que por mediante elecciones de cargos de elección popular se cambie el régimen actual. Por lo tanto, solo queda la opción de cambiarlo por vías no electorales. 

De esta manera, es fácil descartar que los que expresan la frase pretendan que ambas opciones tengan la misma consecuencia lógica, como sería en el caso del dilema en sentido lógico. También se puede descartar que estemos ante un dilema moral, pues una de las acciones disyuntivas (elecciones para cambiar) se presenta como incorrecta, improbable o imposible, mientras que la otra acción (cambio para elecciones) se presenta como correcta y plausible. Por lo tanto, en este caso se habla de dilema para referirse a una pretendida disyunción entre dos acciones que agotan todas las posibilidades.

¿Es un falso dilema? ¿Cómo detectamos falsos dilemas?

Por lo que hemos dicho hasta ahora, debe estar más o menos claro cuándo se habla de un falso dilema. Normalmente, se pone el acento en la exclusividad de la disyunción (proposicional o de acciones) y si realmente agota todas las posibilidades. Desde este punto de vista, ante un dilema podemos hacernos dos preguntas críticas básicas:

(1) ¿realmente estas dos opciones agotan todas las opciones viables? ¿No hay una tercera opción viable o razonable?;
(2) ¿realmente no es posible, correcto o viable la realización de las dos acciones que se presentan como excluyentes?

Pongamos bajo escrutinio el supuesto dilema que se nos presenta: o se cambia al régimen actual mediante elecciones de cargos de elección popular o se cambia mediante vías no electorales.

(1) ¿Es posible una tercera opción? Descartando por inviables actualmente las vías electorales de una reforma constitucional o de una constituyente, y dada la manera tan amplia como he interpretado la disyunción (vía electoral o vía no electoral), no parece haber otra alternativa.

(2) ¿Son opciones excluyentes? No parece. En primer lugar, en un mismo momento se pueden dar las dos vías: nada obsta para que haya una elección en medio de la presión nacional e internacional, y que los resultados de las elecciones, más la presión no electoral, conduzcan al cambio de régimen. Como dice Fernando Mires en estos artículos: 1 2, es posible ver ambas vías como caras de una misma moneda. En segundo lugar, el proceso puede alternar momentos de elecciones y presión no electoral. Es un sesgo presentar las acciones del supuesto dilema como situaciones que solo pueden ocurrir en un momento determinado, no extensibles en un lapso de tiempo. Por ejemplo, presionar para lograr, primero, elecciones regionales, y ganarlas abrumadoramente, puede conducir a un proceso de presión interna –desde dentro del régimen– que produzca el deseado cambio, tal vez, mediante la conjunción de vías electorales y no electorales (como régimen transicional y constituyente). En principio, estas opciones parecen ser viables, y la historia del fin de algunas dictaduras (como la chilena y la uruguaya) muestra esta mezcla de acciones electorales y no electorales; así que quienes crean lo contrario en el caso venezolano tienen la carga de probarlo.

En conclusión, incluso ante la interpretación más caritativa del supuesto dilema «cambio para que haya elecciones o elecciones para que haya cambio» estamos ante un falso dilema. Esto implica que no es aceptable la premisa principal (la disyunción del supuesto dilema) del argumento que usa el silogismo disyuntivo para concluir que solo es posible cambiar al régimen por vías no electorales. Ese argumento, en consecuencia, está injustificado... mientras los interesados no prueben lo contrario.
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