lunes

LO MEJOR QUE HE VISTO, OÍDO O LEÍDO ESTA SEMANA (20-02-17 al 26-02-17)

Esta es la recopilación de la semana que ha pasado. Que yo lo haya visto la semana pasada no quiere decir que fue publicado la semana pasada. Puede ser que haya leído un artículo de hace un mes o visto una película de hace cincuenta años.  Aunque algunos elementos del gusto son objetivos, para no caer en discusiones, esta lista de cosas es absolutamente subjetiva, muestra lo que más me gustó o impresionó en la semana.

Haiku:
(Traducción de Vicente Haya):
ISSA:

Murashigure yama kara kozô naite kinu

Llovizna en la aldea-
Un aprendiz vino llorando
de la montaña



Blogs

Autobiografía sentimental de Terrence Malick

Inteligencia artificial que programa robando código de otros programas


TRAPPIST-1, un sistema planetario en miniatura con varios planetas potencialmente habitables

Jirō Taniguchi: adiós al mangaka del eterno retorno

Otros
He estado leyendo el manga el caminante de Jirō Taniguchi. Recomendado.

Películas

El árbol de la vida (revisitada) (dirigida por Terrence Malick)

La Langosta (dirigida por Yorgos Lanthimos)

Música
Thelonious Monk with John Coltrane - Nutty 

Hermeto Pascoal - Dança Da Selva Na Cidade Grande 

Björk – Oceania

domingo

MÁS PREGUNTAS QUE RESPUESTAS, NEGOCIACIÓN EN VENEZUELA

Antes de comenzar, quiero justificar por qué hablar tanto de Venezuela. No, no es solo porque soy venezolano. Me parece importante nuestro ejemplo porque estamos viendo, y viviendo, un proceso real, día a día, en el que partes muy distantes, que no se reconocen, comienzan una mesa de diálogo, se acusan mutuamente de incumplir los acuerdos iniciales y vuelven al punto de partida sobre si deben negociar. Todo este proceso involucra aspectos relevantes para la Argumentación y Negociación (A&N). Además, el caso venezolano no es ajeno ni a la región ni al mundo; creo que somos parte de un fenómeno mundial de debilitamiento de las estructuras democráticas que implica un abuso del lenguaje (y las instituciones) más sofisticado que el de las antiguas dictaduras y totalitarismos.

En otra entrada concluíamos que el gobierno venezolano parecía haber traspasado el umbral que distingue entre lo democrático y lo que no lo es. En concreto, decíamos que el hecho de suspender indefinidamente las elecciones regionales y violar el derecho a recoger firmas para realizar un referendo revocatorio contra el Presidente (aparte de la censura a los medios, presos políticos, «inhabilitación» del parlamento) implicaba que el gobierno tenía que ser calificado de no democrático. Es como si el gobierno se hubiera cansado de andar bordeando los límites de los criterios de democracia y, de un tiempo para acá, no le importara mantener las apariencias mediante la explotación de definiciones borrosas. Hasta cierto punto, las autoridades nos están diciendo, como el Arquitecto de Matrix, que hay niveles de supervivencia que están dispuestos a aceptar. ¿Ya entiendes, estimado lector, por qué decía que la frase del Arquitecto rondaba mi cabeza?


Incumplir los criterios mínimos de democracia y estar dispuesto a tolerar sus consecuencias tienen efectos importantes en un hipotético proceso de negociación entre el gobierno y la oposición. Me gustaría destacar dos de esos efectos: (1) la redefinición de problemas, intereses y fines de la oposición; y (2) el debilitamiento de las alternativas de la oposición (y cómo evitarlo).

(1) Reconocer que el gobierno piensa que puede tolerar las consecuencias de ser catalogado como no democrático conduce a redefinir los problemas, intereses y fines de la oposición. El interés principal sería ahora el cumplimiento de los criterios mínimos de democracia, específicamente, el derecho al sufragio. El problema deja de ser, como fue hasta diciembre pasado (2016), si debe realizarse un referendo revocatorio o unas elecciones generales; ahora el punto es si pueden realizarse elecciones libres y plurales en Venezuela.

Hace unas semanas la Mesa de la Unidad Democrática presentó un documento en el que exigía, como condición previa al diálogo, que el gobierno fijara un cronograma electoral. Esto es como si un marido maltratase a su mujer y ella le exigiera, como condición para asistir a una terapia de pareja, que dejara de maltratarla, ¿no debería ser la terapia de pareja la que resuelva, justamente, el problema del maltrato? Si aceptamos las consecuencias de los argumentos que he planteado, ahora el derecho al sufragio ha dejado de ser una condición previa para el proceso de negociación: es eso, justamente, lo que debe discutirse en dicho proceso.  

Sería preferible, por lo tanto, concentrar las exigencias en la forma que debe tener el proceso de negociación y en los temas que deben discutirse. Creo que un hipotético proceso de negociación (que no de «diálogo») con el gobierno debería contener, inicialmente, menos temas de discusión, pero con puntos concretos que puedan acordarse: el tema medular debería ser el reconocimiento del derecho al sufragio mediante la fijación de un cronograma electoral, garantizando la participación de todos los partidos políticos en condiciones justas. Esto haría necesaria la presencia en la mesa de mediadores –no, facilitadores– imparciales en quienes las partes puedan confiar, y representantes de los actores principales: no solo de la Mesa de la Unidad Democrática y del Ejecutivo Nacional, sino también del Tribunal Supremo de Justicia y del Consejo Nacional Electoral.


(2) Batna opositor. La decisión de tolerar las consecuencias negativas, si no hay acuerdo negociado, implica una menor dependencia del otro y, a causa de esto, un debilitamiento de la necesidad de negociar por quien toma la decisión. En el caso venezolano, las decisiones del gobierno han causado que se perciba con más poder para imponer sus términos y, por su parte, la oposición ha visto debilitadas sus opciones de presión. Por ejemplo, ¿hasta qué punto la aplicación de la Carta Democrática de la OEA tendría consecuencias intolerables, ahora, para el gobierno? Sinceramente, no lo sé; pero creo que esta es una de las consecuencias que tienen que haber previsto tolerar cuando decidieron (desde el gobierno) actuar como lo han hecho últimamente. De igual manera, ¿puede la oposición crear, actualmente, suficiente presión en la calle? La pregunta queda abierta, no tengo respuesta para ella.

¿Qué opciones tiene la oposición para mejorar su poder de negociación? Las salidas que tiene la oposición pueden plantearse desde una perspectiva argumentativa. Pero no tengo respuestas, sino preguntas que pueden guiar las estrategias de una hipotética negociación. Si el gobierno cree que ya no tiene tanto que perder y nada que ganar, entonces:

G1: ¿Puede la oposición convencerlos de que han interpretado mal los hechos y sus consecuencias, de manera que sí tienen algo que ganar si negocian en términos que satisfagan a la oposición (movimiento por reinterpretación de las consecuencias positivas)?
G2: ¿Puede la oposición convencerlos, mediante algún tipo de evidencia, de que hay nuevos elementos que, agregados a los ya conocidos, impliquen una ganancia relevante para el gobierno (movimiento por novedad positiva)?
P1: ¿Puede la oposición convencerlos de que han interpretado mal los hechos y sus consecuencias, de manera que pueden perder mucho más de lo que creían (reinterpretación de las consecuencias negativas)?
P2: ¿Puede la oposición convencerlos, mediante algún tipo de evidencia, de que hay nuevos elementos que, agregados a los ya conocidos, impliquen una pérdida significativa para el gobierno (movimiento por novedad negativa)?
  
En cuanto a G1 y G2, cuatro sub-preguntas fundamentales que deberíamos hacernos son ¿cuáles intereses pudiera querer satisfacer el gobierno en una mesa de negociación? ¿Qué pasa si abren las puertas de un proceso electoral que los saque del poder? ¿No será que necesitan algún tipo de seguridad o garantías? ¿Qué garantías estaría dispuesta a brindar la oposición?  Hasta los momentos, el gobierno ha usado el diálogo para ganar tiempo (y bastante que ha ganado), pero es difícil percibir alguna ganancia concreta que puedan obtener de un acuerdo negociado: si aceptan elecciones, de lo que sea, seguramente perderán, porque tienen un rechazo que ronda el 80% (o más). Si liberan presos políticos, ¿qué ganan? Más adversarios en la calle y el reconocimiento de que sus detenciones eran arbitrarias. Si aceptan la ayuda humanitaria, reconocen que lo han hecho mal y que el país se les ha ido de las manos. Entonces, ¿puede brindar la oposición alguna garantía que disimule las pérdidas del gobierno? ¿Cuál sería el límite de tales garantías? Es conveniente fijarnos en los procesos de negociación y transición a la democracia que han tenido países vecinos.

En cuanto a P1 y P2, ¿con quiénes cuenta la oposición para ejercer presión? ¿Qué tipo de presión? ¿Cuáles serían las consecuencias –en un futuro– para los actores del gobierno si no negocian de buena fe? ¿Hay consecuencias negativas específicas para ciertos actores importantes que, de esa manera, puedan ser influenciados?  Dos puntos de incuestionable importancia para convencer al gobierno de que pueden perder más de lo que creen serían: (1) que la oposición muestre unidad de acción, acuerdos intra-institucionales y apoyo total a las decisiones tomadas; (2) que la oposición se acerque a los aliados tradicionales del gobierno en el plano internacional (China, Rusia), mostrando que pueden garantizar estabilidad en un futuro (e hipotético) gobierno.

Una analogía-advertencia sobre P2. En Matrix, Neo convenció a las máquinas de aceptar buenos términos (salvar la ciudad de Sion) mostrando que podía detener un virus informático (el agente Smith) que amenazaba con destruirlas (movimiento por novedad negativa). Si la oposición actúa como Neo, ¿puede conseguir un agente Smith? Es decir, ¿hay alguna situación, independiente de la oposición, que pueda destruir al gobierno y que la oposición pueda detener si hay un acuerdo negociado? Esta analogía conlleva también advertir un punto preocupante si la oposición comete algún error o no se mantiene la unidad: ¿Es posible el surgimiento de un tercer grupo que se convierte en Neo? En tal caso, ¿la oposición sería vista por el gobierno como el agente Smith? ¿Quiénes conformarían ese tercer grupo? ¿Qué consecuencias tendría para Venezuela?


miércoles

NADA QUE GANAR, NADA QUE PERDER... NEGOCIANDO CON EL ARQUITECTO DE MATRIX



La segunda y tercera películas de la trilogía de The Matrix (Reloaded y Revolution, respectivamente) han sido vapuleadas, con algo de razón, por parte de la crítica especializada. De la segunda salvaría la escena de persecución; de la tercera, um, no mucho. Ambas han envejecido mal, tanto en su estética como en el aspecto cinematográfico. Si en la primera el guion era una sorpresa, y algunas escenas son memorables (el fallido escape del edificio, al principio de la película), en la segunda hay una cantidad de diálogos pseudofilosóficos y secuencias de peleas extensísimas que entorpecen el ritmo; en la tercera hay pocas cosas destacables.

Pero uno de los diálogos confusos y pseudointelectuales de la segunda parte, el del Arquitecto con Neo, contiene una frase que, de vez en cuando, resuena en mi cabeza, «hay niveles de supervivencia que estamos dispuestos a aceptar». Pongamos un poco de contexto:

Neo llega hasta donde se encuentra el Arquitecto (el jefe de las máquinas y quien diseñó la matriz) con el fin de negociar la paz entre las máquinas y los pocos humanos que quedan en la ciudad subterránea de Sion. Tanto Neo como los espectadores creemos que las máquinas dependen de los humanos para poder vivir (un artilugio del guion según el cual las máquinas usan como baterías a los humanos). Sin embargo, el Arquitecto le explica a Neo que no es la primera vez que destruyen Sion; su plan es destruirla y dejar un grupo de sobrevivientes que, comandados por un líder (Neo), restablezcan la ciudad y comiencen, nuevamente, el ciclo de vida y muerte. Según el Arquitecto, Neo solo tiene que decidir hacer lo que siempre se ha hecho: escoger a un grupo de personas que reconstruyan Sion. Neo rechaza la propuesta y le responde que las máquinas también dependen de los humanos. Y es allí donde cae la pesada frase del Arquitecto, «hay niveles de supervivencia que estamos dispuestos a aceptar».

Es interesante el tipo de negociación que encierra el diálogo y la frase en cuestión. Al expresarla, el Arquitecto se convierte en un tipo duro, en un negociador difícil, competitivo, que no le deja opciones a Neo. Desde el principio, Neo sabe que su mejor alternativa a un acuerdo negociado (su BATNA) es terrible: si no hay trato, entonces él, su novia (Trinity) y lo que queda de los humanos serán aniquilados por las máquinas. Pero cree que esta alternativa también implica una mala alternativa para las máquinas: la destrucción de los humanos conlleva la destrucción de las máquinas o, por lo menos, algún tipo de condiciones que no desean en absoluto, si no ¿por qué tanto esfuerzo en construir la matriz y llevar a cabo tantos ciclos de destrucción?

Es decir, cuando Neo intenta descifrar el BATNA de las máquinas todo el esfuerzo que éstas realizan en mantener vivos a los humanos lo conduce a pensar que no tienen una buena alternativa si no negocian con él. Pero se equivoca. Las máquinas, en algún momento, han decidido tolerar las consecuencias de que Neo no acepte sus condiciones, de que no compre al precio que ellas quieren imponer. Esa decisión de tolerar las consecuencias negativas de no llegar a un acuerdo negociado implica un aumento del poder de negociación para quien toma dicha decisión. Veamos por qué.

Una máquina disponiéndose a negociar pacíficamente con los humanos

Una parte esencial de las negociaciones es la interdependencia de los negociadores: se necesita de la otra parte para lograr ciertos fines o satisfacer determinados intereses. En la medida en que una de las partes deja de depender de la otra para lograr sus fines o satisfacer sus intereses la necesidad de negociar se debilita. El caso límite es el de una persona que puede obtener lo que quiere, independientemente de los intereses y fines de los demás; por ejemplo, ¿por qué negociar por respirar el aire que respiro a diario? (aunque, tal vez, en una futura colonia lunar o marciana, el aire sea un bien transable).  En ese caso, negociar no tiene sentido, porque si no llego a un acuerdo, nada pierdo (seguiré respirando aire); y si llego a un acuerdo, nada gano (ya tenía aire que respirar).

Pero hay casos menos extremos en los que, hasta cierto punto, puede tener sentido una negociación. Uno es el caso en el que nada tengo que ganar si llego a un acuerdo en la negociación, pero tengo algo que perder si no hay trato. El otro caso es el contrario: tengo algo que ganar si hay trato, pero nada que perder si no lo hay (mi BATNA no es peor que mi estado actual, mi status quo). La necesidad de negociar dependerá, según el caso, en qué tanto se puede perder o qué tanto se puede ganar. ¿Se presentan estos casos en la realidad? Seguramente, pero, para simplificar las cosas, solo ilustraré un caso de fantasía, sacado de otra película, esta sí, un clásico: El Séptimo Sello, dirigida por Ingmar Bergman.

En El Séptimo Sello, un hombre, Antonius Block, le propone un juego de ajedrez a la muerte. La muerte quiere llevárselo (es la época de las cruzadas y la peste negra), pero él le plantea jugarse la vida, literalmente, en el tablero de ajedrez. Desde la perspectiva que nos interesa, Antonius Block no gana nada si gana el juego (claro, gana el juego, pero nada más), pues su vida ya la tenía; sin embargo, si pierde el juego, lo pierde todo: su vida. En cambio, la muerte no pierde nada si pierde el juego, pues se mantiene su status quo (no tener el alma de Antonius Block); pero si gana el juego, gana el alma de Antonius Block.

La muerte y Antonius Block comenzando a jugar.

¿En qué posiciones están, en principio, las máquinas y Neo? Las máquinas no ganan nada si hay un acuerdo (si Neo acepta los términos), pues se mantiene su status quo hasta el próximo ciclo; sin embargo, en principio, si no hay acuerdo (y hay una aniquilación de los humanos), entonces pierden algo, pues vivirán en condiciones peores que las que han mantenido. Neo, por su parte, pudiera ganar algo si hay un acuerdo en mejores condiciones que las planteadas por las máquinas; pero si solo le queda aceptar las condiciones de las máquinas, entonces tiene que decidir entre dos pérdidas, una mayor y una menor: la mayor, si no hay trato, es la aniquilación de los humanos; la menor, si acepta las condiciones, es la supervivencia de un grupo que reconstruirá Sion junto con él.

Las máquinas, en principio, están en la posición de Antonius Block; pero el giro implicado en la frase del Arquitecto es que, al decidir tolerar las condiciones de no llegar a un acuerdo, se acercan a la posición límite en la que no tienen nada que ganar y nada que perder. Siendo precisos, aún tienen que perder, pero lo pueden tolerar. Eso debilita, pero no destruye, los lazos de dependencia con la otra parte negociadora, con Neo como representante de los humanos. Y, como hemos dicho, a menor dependencia, mayor poder de negociación. Por eso el Arquitecto cree que puede imponerle a Neo sus condiciones.



¿Qué puede hacer Neo?    

Dos estrategias relevantes, puramente negociadoras y argumentativas ante alguien que ve que ya no tiene nada que ganar y nada que perder (en el caso extremo) son: (1) convencerlo de que puede ganar algo o mucho más de lo que piensa; (2) convencerlo de que puede perder algo o mucho más de lo que es tolerable. También pueden combinarse (mostrar que gana y pierde algo). Ambas estrategias dependen de cada caso específico, pero es importante notar que, en general, se puede convencer a la otra parte mostrando que las cuentas que había sacado eran erróneas, que eso que puede ganar o perder sí es algo con consecuencias relevantes (llamemos a este movimiento «por reinterpretación»); o mostrarle consecuencias que no fueron tomadas en cuenta en su análisis original (llamemos a este movimiento «por novedad»); o una combinación de ambos movimientos –el tipo de argumentación que se usa es por las consecuencias, si quieres saber más, sigue estas entradas 1, 2 y 3–.

En el caso de Neo, entonces, podía llevar a cabo alguna (o todas) de las siguientes estrategias:

G1: convencer a las máquinas de que han interpretado mal los hechos y sus consecuencias, de manera que sí tienen algo que ganar (movimiento por reinterpretación de las consecuencias positivas).
G2: convencer a las máquinas, mediante algún tipo de evidencia, de que hay nuevos elementos que, agregados a los ya conocidos, implican una ganancia relevante para ellas (movimiento por novedad positiva).
P1: convencer a las máquinas de que han interpretado mal los hechos y sus consecuencias, de manera que pueden perder mucho más de lo que creían (reinterpretación de las consecuencias negativas).
P2: convencer a las máquinas, mediante algún tipo de evidencia, de que hay nuevos elementos que, agregados a los ya conocidos, implican una pérdida significativa para ellas (movimiento por novedad negativa).

Spoiler: al final de Matrix Revolution, Neo llega hasta las máquinas y les presenta un nuevo elemento que las pueda hacer cambiar de parecer en cuanto a la destrucción de Sion: un agente de la matriz, el agente Smith, se está replicando ilimitadamente, poniendo en peligro la existencia misma de las máquinas (Smith se ha convertido en un virus informático). La propuesta de Neo es dejarse infectar por Smith (lo que implica convertirse en una réplica de dicho agente) para poder destruirlo –no nos cuentan los detalles de cómo se puede hacer esto, pero no importa–. En otras palabras, Neo usa un movimiento por novedad negativa: muestra un elemento (virus, agente Smith) que no fue tomado en cuenta por las máquinas al hacer su análisis original, y que implica unas consecuencias negativas no tolerables por ellas (destrucción total)... Las máquinas, por supuesto, aceptaron el trato de Neo. Colorín colorado...


¿Hay casos reales con tales características? Sí, actualmente, el problema venezolano y una hipotética nueva negociación gobierno-oposición tienen características análogas a las que hemos descrito. ¿Quién es el Arquitecto en este caso? ¿Quién es Neo? ¿Hay un agente Smith?... lo veremos en la próxima entrada.  

lunes

LO MEJOR QUE HE VISTO, OÍDO O LEÍDO ESTA SEMANA (13-02-17 al 19-02-17)

Esta es la recopilación de la semana que ha pasado. Que yo lo haya visto la semana pasada no quiere decir que fue publicado la semana pasada. Puede ser que haya leído un artículo de hace un mes o visto una película de hace cincuenta años.  Aunque algunos elementos del gusto son objetivos, para no caer en discusiones, esta lista de cosas es absolutamente subjetiva, muestra lo que más me gustó o impresionó en la semana.

Haiku:
SHÔHA
(Traducción de Vicente Haya):

Tera fukaku
take kiru oto ya
yûshigure

En los confines del templo,
se oye cortar bambú:
lluvia fina en la noche


Foto
Polo sur de Júpiter, tomada por la sonda Juno:

Blogs
Jaco Pastorius: la triste soledad del genio - Jot Down Cultural Magazine
El ego y las trampas del intelecto –  Cuaderno de Cultura Científica.
Rafa Nadal: ciencia y anticiencia

No hagas caso a tu profesor, Wikipedia sí es válido como fuente para tus trabajos (si sabes dónde mirar)


Música

Jaco Pastorius-"The Chicken" https://youtu.be/TgntkGc5iBo

sábado

¡POR LAS BARBAS DE MI ABUELO! POR QUÉ ERA DIFÍCIL DEFINIR QUÉ HABÍA EN VENEZUELA… PERO YA NO TANTO



En la entrada anterior hablaba de la falacia de la barba y de una falacia que se relaciona con ella (la llamé, sin pensarlo mucho, «falacia del criterio absoluto»). En ambas se abusa de la vaguedad o borrosidad de los criterios de una definición para negar (de manera velada) que algo específico pueda clasificarse según esa definición. Por ejemplo, decíamos que criterios como la violación de la libertad de expresión o de los derechos humanos para definir la democracia, tienden a ser borrosos, pues ¿cuántos abusos o violaciones de esos derechos se necesitan para no estar en democracia? Esto puede conducir a la explotación de la vaguedad de los criterios a favor de gobiernos que no son democráticos.
   
Arriba, falacia de la barba: como el criterio es borroso, no hay diferencia entre barba y no-barba. Abajo, falacia de criterio absoluto: como el criterio es borroso, "no tener barba" es igual al extremo "absolutamente nada de barba".

El abuso de los criterios de la definición de democracia ha sido llevada a cabo, de manera algo novedosa, por muchos gobiernos actuales que, pese a no ser democráticos, son difíciles de definir. A diferencia de la mayoría de las viejas dictaduras y totalitarismos, en estos gobiernos se entronizan los principios democráticos, pero desde una perspectiva no liberal; usan las instituciones democráticas para luego vaciarlas de contenido y eliminar su autonomía; las persecuciones son más selectivas y progresivas; no se llega haciendo tabula rasa con los adversarios (para el gobierno, enemigos), pero sus espacios son gradualmente estrechados e inutilizados. En fin, aunque los representantes de los gobiernos en cuestión tienen legitimidad de origen, pues son elegidos en sufragios y éstos se realizan regularmente, no tienen legitimidad en el ejercicio.

El caso venezolano es paradigmático. En Venezuela, la oposición ganó dos tercios del parlamento (la Asamblea Nacional), pero el gobierno y la Asamblea saliente (de mayoría oficialista) maniobraron inconstitucionalmente para nombrar magistrados del Tribunal Supremo políticamente leales que –junto con los demás magistrados revolucionarios– han dejado sin efecto todas las decisiones importantes de los nuevos parlamentarios. Desde hace tiempo, la mayoría de las televisoras que eran críticas al gobierno han cambiado, sospechosamente, su línea editorial, especialmente luego de que una de las más emblemáticas (RCTV) fuera cerrada haciendo gala del abuso de las definiciones. Otros medios de comunicación han sido vendidos a personas que, también sospechosamente, son aliados del gobierno. Y así muchas, muchísimas, acciones que van bordeando la vaguedad de los criterios que definen lo que es democracia.

Hasta hace poco, gran parte de la comunidad internacional, la opinión pública y los políticos venezolanos de oposición se negaban a definir al gobierno como no democrático (por no decir, dictadura a secas); decían, en cambio, que era una democracia imperfecta o que nuestra democracia estaba en peligro. Pero actualmente, cada día más, en Venezuela y en la comunidad internacional se habla abiertamente de que no vivimos en una democracia. ¿Qué ha cambiado?

Una manera de comprender la razón del cambio, desde nuestra perspectiva, es que la sofisticación de las acciones para explotar la vaguedad de los criterios de democracia tiene límites. Uno de los límites tiene que ver con que no todos los criterios que definen la democracia son borrosos: al menos uno de los criterios es más cortante y preciso. Veamos.

En palabras de la Carta Democrática, es esencial para que haya democracia la existencia de «elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo». Hasta diciembre de 2016 en Venezuela se llevaban a cabo elecciones periódicas, más o menos libres, menos justas (había mucho abuso de poder), pero universales y, hasta cierto punto, secretas. Nótese que los abusos de poder, el uso de bienes del Estado para proselitismo político o la movilización obligada de personas son fuentes de injusticia y coacción en las elecciones; pero, a menos que esos abusos sean casi absolutos, es difícil obtener un consenso sobre que no hay democracia. En cambio, cuando deja de haber elecciones periódicas, se toca el núcleo duro de la democracia. Ese criterio (la periodicidad) es mucho más preciso y cortante: sin elecciones periódicas, no hay gobierno democrático.

Justamente eso, la posibilidad de elecciones periódicas, es lo que ha cambiado en Venezuela desde diciembre de 2016. Desde entonces, no solo se negó el derecho a la recolección de firmas para un referendo revocatorio contra el Presidente, sino que, mucho más claro aún, se «pospusieron» las elecciones de gobernadores (estadales) que debían realizarse (según el mandato constitucional) ese diciembre. Hasta ahora no hay fecha definida. Desde el gobierno se dice que realizar elecciones no es prioridad y el Consejo Nacional Electoral, hasta los momentos, ni ha dicho esta boca es mía.

Nótese que hablar de «posponer» las elecciones entraña también un abuso del criterio de periodicidad de las elecciones en democracia. Sin embargo, en nuestro caso, la finalización de los mandatos de los gobernadores tenía fecha fija y había un presupuesto aprobado para realizar dichas elecciones. Los defensores del carácter democrático del gobierno venezolano podrán decir que aún el criterio es vago, que si se fijan las elecciones para diciembre de 2017 o 2018 ya se cumple con el criterio de democracia. Solo que ahora la falacia es mucho más clara; la barba del abuelo es abundante.

Acciones posteriores como el bloqueo a CNN o el llamado a un proceso de relegitimación de los partidos políticos (excepto el de gobierno), en condiciones muy adversas y con el claro propósito de ilegalizar a unos cuantos, se interpretan ahora como prácticas más propias de las dictaduras a secas. Pero creo que las percibimos de esa forma porque ya hemos pasado el umbral definitorio de lo no democrático. Aún así, hay quien dice que el caso de CNN es un clavo más para el ataúd de nuestra democracia; me parece que esa postura es errónea (y cae en el abuso del lenguaje), pues ¿cómo se le pone un clavo a un ataúd que está varios metros bajo tierra?


Esto último me hace pensar en algunas consecuencias para cualquier negociación política que se lleve a cabo... Pero de eso hablaremos en otra entrada. 

jueves

FALACIA DE LA BARBA, CRITERIOS BORROSOS Y ARGUMENTOS EN VENEZUELA

En las discusiones públicas en las que se critica la forma de gobierno en Venezuela (y creo que no son ajenos otros países) es frecuente conseguirse con ciertos patrones de objeciones a la crítica. La fuerza persuasiva de tales objeciones puede desarmar a quien no esté preparado para responderlas, pero, como veremos, se basan en un error. Una de las objeciones persuasivas se ejemplifica en la siguiente secuencia argumentativa:

- Uno (desde algún medio público o red social): el gobierno ha debilitado la opinión pública, usa la amenaza con frecuencia para acallar voces críticas, etc.; por tanto, aquí ya no estamos en democracia.- Otro: si este gobierno no fuera democrático te perseguirían por escribir lo que acabas de escribir, pero, ya ves, nadie te está persiguiendo.

Evidentemente, esta es una de las tantas formas que toma esa secuencia de argumentos. Lo fundamental en lo que dice Otro es la pretensión de refutar que el gobierno pueda clasificarse (pública y libremente) como no democrático, porque el hecho de poder hacer pública la clasificación (y no ser perseguido) hace que el criterio para clasificar al gobierno como no democrático no se cumpla.

La objeción deja implícito un punto importante que, más o menos, se puede poner en estos términos: se supone que uno de los criterios para determinar que un gobierno es no democrático es que ese gobierno no permita hacer declaraciones públicas y libres en su contra. ¿Está de acuerdo, estimado lector?

Bien, aquí comienzan los problemas de ésta y muchas otras objeciones. En gran cantidad de casos, los criterios que se usan en las definiciones son vagos o borrosos. Por ejemplo, ¿cuándo podemos clasificar a una persona como «una persona con barba»? ¿El criterio debe ser «más de n pelos»? ¿Y por qué no «más de n+1 pelo»? De igual manera, ¿cuántas violaciones a la libertad de expresión o a los derechos humanos son necesarias para identificar a un gobierno como no democrático? ¿Cuántas persecuciones (y con qué intensidad) debe haber a la opinión pública o a políticos de oposición?

La vaguedad o borrosidad de los criterios de algunas definiciones no implica, en sí misma, una valoración negativa de tales definiciones. En muchos casos no hay otra forma de definir algo. La misma naturaleza de algunas cosas implica variaciones y gradaciones continuas, con fronteras borrosas, sin puntos de quiebre. Pero esa vaguedad corre el riesgo de ser explotada falazmente, con consecuencias reales.

Una de las falacias que parte del abuso de los criterios borrosos de las definiciones es llamada la falacia de la barba. Ésta tiene lugar cuando se objeta que, como cierto criterio de la definición es vago o borroso, no hay una distinción real entre lo que se ajusta a la definición y lo que no; de manera que lo que se pretendía definir no puede clasificarse según ese criterio.

Por ejemplo, sobre la base del criterio «si alguien tiene una cantidad visible de pelos en el mentón y las mejillas, entonces tiene barba», puedo clasificar al siguiente señor como hombre con barba:





La objeción falaz señalaría que el criterio es vago o borroso, no hay un punto preciso que determine que cierta persona tiene una cantidad visible de pelos; de manera que (1) no hay una distinción real entre tener o no tener barba y (2) no está bien justificado el argumento que concluye que el señor tiene barba sobre la base del criterio expuesto.

El error de la falacia está en que, como señalan algunos autores (Manicas y Kruger, también Walton), el hecho de que seamos incapaces de hacer una distinción clara entre dos extremos (como frío y caliente, barba y no barba, alto y bajo) no quiere decir que no haya realmente una distinción entre esos extremos o que estemos legitimados para desechar las clasificaciones basadas en los criterios (vagos) que permiten distinguirlos. En nuestro ejemplo, el hecho de que el criterio sea vago, porque es difícil distinguir ente barba y no barba, no quiere decir ni (1) que tener o no tener barba no puede definirse, pues sí son extremos distinguibles; ni (2) que no esté justificado (sobre la base del criterio) señalar que el señor del dibujo tiene barba. 

¿Qué tiene que ver la falacia de la barba con la secuencia argumentativa sobre el gobierno no democrático? Tanto en el caso de la falacia de la barba, como en el de la secuencia que abre esta entrada, se explota falazmente la vaguedad de un criterio para objetar el argumento del rival. De esa explotación falaz de la vaguedad proviene, en ambos casos, la fuerza persuasiva de las objeciones.

A diferencia de la falacia de la barba, en el caso de la secuencia de la entrada la objeción no se pretende –en principio– negar la existencia de una distinción entre lo democrático y lo no democrático. En cambio, se niega el criterio del argumento criticado y, de manera implícita, se impone un criterio extremo, exageradamente estricto. Esto hace que en la práctica la definición deje de tener utilidad. Si tomamos el ejemplo de la barba del señor, la objeción sería que no se puede decir que el señor no tenga barba, porque se le ven dos pelitos en el mentón. Con esto se pretende aplicar un criterio tan estricto («no barba» es ningún pelo en la cara) que deja de tener utilidad práctica la distinción entre barba y no barba.

En este gráfico podemos ver la diferencia entre la falacia de la barba clásica y el abuso falaz de la vaguedad de una definición (falacia del criterio absoluto) como la de nuestro ejemplo político:




Volviendo a la secuencia de la entrada. La violación de la libertad de expresión para considerar que un gobierno ya no es democrático es un criterio borroso, pero nadie con sentido común puede afirmar que el criterio se cumple si, y solo si, absolutamente ninguna opinión contraria es permitida. Ese sería el grado máximo, el grado «Corea del Norte». No es razonable señalar que se debe llegar a ese grado para hablar de gobierno no democrático. En la secuencia al principio de esta entrada se rechaza clasificar al gobierno de no democrático desechando, implícitamente, el criterio usado por la otra parte; a su vez, se nos cuela otro criterio: no solo las violaciones a la libertad de expresión deben ser frecuentes, sino que tienen que ser absolutas, totales y automáticas. De esta manera, deja de tener utilidad práctica la distinción entre lo democrático y lo no democrático: siempre será posible apuntar a los escasos espacios libres como prueba de que sí hay democracia.

Fuentes:
Walton - The Argument of the Beard - http://ojs.uwindsor.ca/ojs/leddy/index.php/informal_logic/article/viewFile/2382/1824

domingo

LO MEJOR QUE HE VISTO, OÍDO O LEÍDO ESTA SEMANA (06-02-17 al 12-02-17)

Esta es la recopilación de la semana que ha pasado. Que yo lo haya visto la semana pasada no quiere decir que fue publicado la semana pasada. Puede ser que haya leído un artículo de hace un mes o visto una película de hace cincuenta años.  Aunque algunos elementos del gusto son objetivos, para no caer en discusiones, esta lista de cosas es absolutamente subjetiva, muestra lo que más me gustó o impresionó en la semana.

Haiku:

(Traducción de Vicente Haya):
SEISHI

Karikari to
tôrô
hachi no kao o hamu

Crunch-crunch
Una mantis masticando
la cara de una abeja


Blogs

Amityville, la puerta del infierno - Jot Down Cultural Magazine

The psychology of why Americans are more scared of terrorism than guns, though guns are 3,210 times likelier to kill them — Quartz

The best legal arguments against Trump's immigration ban

Embriones quiméricos rata-ratón y cerdo-humano _ Biología _ La Ciencia de la Mula Francis

Humans rather than climate the primary cause of Pleistocene megafaunal extinction in Australia

Películas
Arrival (Dir. Denis Villeneuve) 

Música



Nem Um Talvez - compuesta por el brasileño Hermeto Pascoal para Live-Evil de Miles Davis (1971) https://youtu.be/TWs7cY-fEn0  

Crystal Silence de Chick Corea. https://youtu.be/IM40rzqKmZ

sábado

CÓMO EVALUAR ARGUMENTOS A PARTIR DE UNA DEFINICIÓN - EL CASO PLUTÓN

En la entrada anterior señalaba que  los argumentos a partir de una definición pueden seguir una versión positiva o una negativa. Veamos:

Esquema positivo del argumento a partir de una definición:
Premisa 1: Según la definición, D, para ser (o tener la propiedad) X se requiere tener las características a, b, c
Premisa 2: A tiene las característica (a, b, c) que requiere la definición D
Conclusión: Por lo tanto, A es un (o tiene la propiedad) X

Esquema negativo del argumento a partir de una definición:
Premisa 1: según la definición, D, para ser (o tener la propiedad) X se requiere tener las características a, b, c
Premisa 2: A no tiene todas las característica que requiere la definición D
Premisa 3: por lo tanto, A no es un (o no tiene la propiedad) X

¿Cómo evaluar los argumentos a partir de una definición? La manera más práctica es mediante preguntas críticas:

(1) En el contexto del argumento o la discusión, ¿es aceptable esa definición D?
(2) ¿Realmente A tiene (o no tiene) las características que requiere la definición? ¿Las características descritas realmente corresponden (o no corresponden) con los criterios de la definición?
(3) ¿Pudiera A ser clasificado de manera distinta por otra definición aceptable en el contexto de la discusión?

Por ejemplo, de acuerdo con la definición de la Unión Astronómica Internacional (UAI), un planeta es aquel objeto que tiene las siguientes características:

a) orbita alrededor de una estrella (en nuestro caso, el Sol);
b) tiene suficiente masa para adquirir una forma prácticamente redonda (equilibrio hidrostático).
(c) ha limpiado su vecindario (su zona orbital) de otros objetos (es decir, tiene dominancia gravitacional).

Aplicando la versión negativa del argumento a partir de una definición se puede determinar que Plutón no es un planeta:

Premisa 1: según la definición tradicional, para ser planeta se requiere tener las características a, b y c.
Premisa 2: Plutón tiene las características a y b, pero no tiene la característica c.
Conclusión: por lo tanto, Plutón no es un planeta.





Algunos científicos consideran que la definición de la UAI, especialmente el criterio c (barrer la zona gravitacional), es arbitraria. Una de las objeciones específicas que ha sido formulada es que la Tierra, Marte, Júpiter y Neptuno tampoco cumplen con ese criterio (no han barrido totalmente su zona).

Esta objeción pertenece, en principio, al ámbito de la segunda pregunta: los planetas mencionados no cumplen con los criterios de la nueva definición. Lo interesante, sin embargo, es que tal señalamiento es usado para justificar que no es aceptable la definición (primera pregunta), pues sería absurdo que la Tierra, Marte, Júpiter y Neptuno no fuesen considerados planetas (en este caso se usa otro esquema, llamado argumento por reducción al absurdo –en su momento lo estudiaremos con más detalle–).

El problema de la objeción contra el criterio c es que la UAI no pretendía que los planetas barrieran su zona totalmente. Esto es imposible por (al menos) dos razones, una física y otra metodológica. La razón física es que las fuerzas gravitacionales siempre están perturbando las órbitas de asteroides y cometas, de manera que es posible que se crucen con las órbitas de los planetas. La razón metodológica es, llanamente, que no se puede asegurar que una órbita ha sido barrida totalmente: aunque se haga un inventario muy detallado, siempre es posible que algún objeto se escape del inventario o no haya sido descubierto. 

De hecho, el criterio c es mucho más preciso y complejo que la formulación literal de la redefinición de la UAI. Se usan varios métodos para determinar una medida de «limpieza» de la órbita del candidato a planeta; si la medida es superior a cierto valor numérico (el valor depende del método aplicado), entonces el candidato a planeta cumple con el criterio c. Los ocho planetas tradicionales (excluyendo a Plutón) cumplen con los valores mínimos en cada uno de los métodos. En cambio, Plutón (y otros planetas enanos como Ceres, Eris, Haumea y Makemake) no cumple con las medidas requeridas.




- Pocos meses antes de la redefinición, la sonda New Horizons partió con destino a Plutón, iba rumbo a un planeta. Después de diez largos años, la New Horizon se aproximó a su destino, ya entonces un planeta enano. De los datos que envió la sonda pudimos conocer que Plutón no era un mundo muerto y aburrido, sino activo, de una belleza misteriosa, con montañas de hielo, destellos azules en su cielo y, posiblemente, criovolcanes. Muchos alzaron su voz para pedir otra redefinición: ¡queremos que Plutón sea nuevamente un planeta! … Plutón siguió su rumbo, impasible, sereno, en las penumbras del sistema solar.  


Fuentes:
Eureka. Las Sorpresas de Plutón que nos descubrió la New Horizon hace un año. http://danielmarin.naukas.com/2016/07/15/las-sorpresas-de-pluton-que-nos-descubrio-la-new-horizons-hace-un-ano/
Wikipedia. Pluto - https://en.wikipedia.org/wiki/Pluto
Wikipedia. Clearing the neighbourhood. 
https://en.wikipedia.org/wiki/Clearing_the_neighbourhood
Douglas Walton (2008) Arguing from Definition to Verbal Classification: The Case of Redefining 'Planet' to Exclude Pluto. En Informal Logic.
Douglas Walton - (1996). Argumentation schemes for presumptive reasoning. New Jersey: Lawrence Erlbaum Associates.

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